martes 21 de febrero de 2012

El acuerdo humanitario de liberaciones puede contribuir a retomar una política de paz

El presidente Santos si bien hasta inicio del presente mes sostuvo que para la liberación de los miembros de la Fuerza pública capturados por las FARC no eran necesarios nuevos apoyos internos o externos, aceptó recientemente la participación de Brasil, lo cual permite prever el desarrollo exitoso del operativo humanitario que podrá incidir en mejorar el ambiente hacia el tema de la paz. En las gestiones hacia este nuevo acuerdo humanitario específico el grupo Colombianos y Colombianas por la Paz que obra como facilitador, planteó que se requería del apoyo de otro país con logística de helicópteros y propuso vincular otras liderezas sociales de la comunidad internacional. Así el Gobierno luego de reiterar varias semanas que no se requería de ningún apoyo adicional, sorprendió el pasado fin de semana al anunciar que había autorizado con anticipación el apoyo de Brasil. Sin embargo, se evidenció que fue una decisión del momento, puesto que el canciller brasileño aclaró que su país no había recibido ninguna solicitud ni autorización de actuación del gobierno colombiano. No obstante, como lo asumió el grupo facilitador, esta situación destraba la tensión existente, por lo cual Colombianos y Colombianas por la Paz solicitó a las FARC pronunciarse sobre la logística dispuesta y les reiteró el deseo de que sean liberados todos los miembros de la fuerza pública en su poder. El CICR ya colaboró con la confección del protocolo de seguridad y brinda la intermediación y participación en el dispositivo humanitario requerido. Por tanto, resta ahora sí especificar las condiciones de tiempo, lugar y modo de actuación del operativo humanitario previsto. De tal manera se conjuga en la coyuntura inmediata con la guerrilla de las FARC la posibilidad que este operativo humanitario de liberación, a partir de la decisión unilateral de los insurgentes, cree condiciones favorables para que la agenda existente supere el asunto de las retenciones y los secuestros y se perfile hacia la posibilidad de retomar conversaciones de paz. El Gobierno si bien ha sido confuso en las exigencias para tal posibilidad, de forma general insiste en el cese del uso de terrorismo y de ataques contra la población civil. Así las cosas, además de ellas son obligaciones humanitarias de cumplimiento unilateral e irrestricto, el que se produzcan a partir de las liberaciones pendientes de personal de la Fuerza Pública, comprometería al Gobierno de inmediato en adoptar términos hacia las conversaciones de paz. Por tanto, facilitaría también un ambiente hacia la retoma de una política de paz que además no sólo considere tal opción sino los compromisos integrales para la construcción integral de la paz, con el concurso necesario del Gobierno, el Estado y la sociedad. Pero es preciso al respecto discutir el alcance de los compromisos de la paz y el sentido estratégico de tal participación de la sociedad civil a través de diversas posibilidades y manifestaciones. Esto porque el presidente Santos en discusión con las FARC dice que no permitirá “que nadie juegue con la llave de la paz”. Realmente con tal afirmación reitera su equivocación al confundir la función constitucional que le concede el control del orden público y los consiguientes desarrollos legales que lo facultan para liderar los procesos de paz y nombrar y autorizar, dado el momento, contactos, vocerías y apoyos para los diálogos con las guerrillas, con el derecho y el deber constitucional que le asiste en su ámbito a todas las instancias gubernamentales, estatales y al conjunto de la ciudadanía en el tema de la paz. En consecuencia no se puede confundir la autoridad y el liderazgo presidencial en estos asuntos con el propio derecho de la sociedad a la participación, expresado de múltiples posibilidades y formas, con un asunto distinto y específico cual es la discreción y la no interferencia negativa que alguien haga en los procesos de paz y en torno a acercamientos y conversaciones con la insurgencia. La experiencia interna e internacional indica que en la resolución de los conflictos de distinto orden, incluidas las guerras como una de sus manifestaciones, el escenario ideal es cuando las partes directamente enfrentadas están en disposición de asumir directamente su resolución, con disposición a concertar acuerdos. Ellos les demandan reconocer causas, motivos, naturaleza, circunstancias y consecuencias del conflicto para poder explorar y adoptar decisiones coherentes con su superación. Ojalá los actores del conflicto consigan así transformar las problemáticas configuradas y emprender procesos de transición hacia la consolidación de la paz. Ejemplo particular de positiva resolución de un conflicto específico, asumiendo directamente por el presidente Santos, lo tenemos con el restablecimiento de unas positivas relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela y Ecuador, sin necesidad de intermediarios o facilitadores, lo que superó la ruptura de las relaciones, de tensiones militares, hechos de agresión contra países hermanos y circunstancias de aislamiento regional a que nos sometió el gobierno Uribe. Sin embargo, el asunto de la paz interna trata un asunto de mayor complejidad y dimensión. Basta recordar que los últimos ocho presidentes colombianos, incluido el actual, han tenido que recurrir o aceptar distintas formas de facilitación, apoyo, asesoría e intermediación para el tratamiento de problemáticas humanitarias, en cuya acción han concurrido múltiples actores sociales, institucionales y de la comunidad internacional, siendo sobresaliente en muchas de tales situaciones la actuación del CICR. Así mismo, cuando se han desarrollado procesos de paz, exitosos, suspendidos, parciales o fracasados, han sido aún más prolíficas como convenientes y en determinadas circunstancias necesarias las actuaciones de incidencia, mediación y otras formas de apoyo desde la sociedad, donde se han conjugado dinámicas desde lo local, regional, nacional, social, institucional e internacional. Aún cuando el gobierno o las guerrillas hacían llamados y adoptaban medidas o actitudes para el acercamiento, con frecuencia se tornaban indispensables tal tipo de contribuciones. La paz hecha con el M19, el EPL y otras guerrillas menores más allá de la disposición de las partes no es explicable sin reconocer dinámicas sociales y políticas que las influyeron decisivamente. Entre otras, en el caso del M19 los diálogos regionales en Cauca y Tolima y las mesas de concertación que dieron lugar al pacto político configurado. En el caso del EPL la ruptura con la militarización de los movimientos sociales en Urabá y otros lugares y la convergencia social y política tras la propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente como clave para la solución política del conflicto armado. Por tanto, mucho más que el tratamiento de mesa bilateral fue precisamente el escenario ante todo de esa Constituyente y la adopción concertada de la Constitución Política de 1991, lo que permitió consolidar los pactos de paz de inicio de los noventa. Por su parte, al margen de otras circunstancias y vicisitudes, los diálogos y negociaciones conseguidas con las FARC y el ELN en distintos momentos, se han realizado en medio de esfuerzos gubernamentales, estatales y sociales conjugados, con participación de diversos actores sociales, institucionales y de la comunidad internacional. Por supuesto que las condiciones políticas, sociales y del conflicto armado han evolucionado y registran notorios cambios. En el curso de los 90 tuvo lugar un dinámico movimiento por la paz que demandó reiniciar conversaciones entre el gobierno y las guerrillas y el cese de las violaciones cometidas por las partes contra la población civil. Esto dio lugar, al finalizar esa década e iniciarse el nuevo siglo, a diálogos y negociaciones de paz, lamentablemente fracasados durante la administración Pastrana. Sobrevino entonces la decepción con las nuevas posibilidades de la paz negociada y se impuso la apuesta de la solución militar, experimentada de forma sostenida por el gobierno Uribe y aún vigente, que en su aplicación conllevó el cuestionamiento y persecución contra quienes siguieran pugnando por la solución política del conflicto armado e intervinieran con el propósito de conseguir soluciones humanitarias. Sin embargo, después de una década de ofensiva militar oficial sostenida -que se cumple exactamente este mes-, si bien se logró debilitar y aislar en buen grado a las guerrillas, no consiguió su derrota y, por el contrario, en especial las FARC registran adaptación y cierto grado de retoma de iniciativa en las hostilidades bajo las nuevas circunstancias. En repetidas ocasiones el recordado líder emblemático del movimiento por la paz, Augusto Ramírez Ocampo, se refirió al movimiento pendular de nuestra historia del conflicto armado y las búsquedas de soluciones políticas y militares. De tal forma, ante la inviabilidad evidenciada de la salida militar corresponde ahora revisar en las nuevas condiciones la posibilidad de la salida política del conflicto armado con la insurgencia aún persistente. Al menos de manera inicial y formal así lo reconocen el propio gobierno, las FARC y el ELN y diversos sectores de la sociedad, a la vez que otra vez se tornan mayoritarias las posturas ciudadanas favorables al entendimiento y la solución política del conflicto armado y de otros conflictos. Desde luego que el entorno político y del conflicto armado ha variado notoriamente. El propio conflicto armado ya no es un eje transversal determinante frente a múltiples dinámicas sociales y diversos conflictos. La construcción de la paz se impone como apuesta programática, política y social desde muchos ámbitos, sin necesariamente tener que contar con los actores armados. La guerra está cada vez más deslegitimada por sus efectos contra las posibilidades de los proyectos democráticos y contra la misma población. Los niveles de influjo social y político de las guerrillas persistentes se han reducido notoriamente. Y las dinámicas políticas, sociales y ciudadanas comprometidas con la demanda de la paz lo hacen progresivamente sobre posiciones de autonomía y expresan la no delegación de su representatividad ni el endosamiento de su plataforma y su protagonismo en la construcción de consensos y en el anhelado pacto nacional que podrá soportar siempre un auténtico proceso de paz. Además, sus aspiraciones no se sujetan a un eventual proceso de paz con la guerrilla sino que en todo caso avanzan por vía de la acción política, la participación en diversos espacios de incidencia y la movilización directa. Esto hace prever que el logro definitivo de la paz, el cierre de las hostilidades con las guerrillas y la superación del complejo entramado de poderes regionales ajenos al Estado constitucional que mantiene el narco-paramilitarismo, no serán producto de una sola decisión ni de un acto único sino el logro de una agenda de diversos compromisos básicos, con el concurso del Gobierno, el Estado y la sociedad. En tal contexto se aspira por supuesto también a una negociación de paz con las insurgencias de las FARC y el ELN, pero no será su escenario ni su agenda el epicentro que abarque todo el marco de los compromisos y soluciones a tratar. Por tanto, podemos prever con tales guerrillas una agenda más focalizada y acotada con respecto a temáticas políticas, sociales y del conflicto; reducida en pretensiones y posibilidades, por ejemplo con respecto a lo que fue la agenda del Caguán. Pero esta situación tampoco desconoce la necesidad e importancia histórica de tal negociación que alentamos, puesto que la paz pendiente conlleva también asuntos necesarios que se reducen a las propuestas de instrumento de justicia transicional y de reinserción que hasta ahora se escuchan desde el algo gobierno, que evidentemente carece de una política de paz. Fuente¨: Viva la Ciudadanía. SEMANARIO VIRTUAL CAJA DE HERRAMIENTAS Por:Álvaro Villarraga Sarmiento Presidente de la Fundación Cultura Democrática

AL SUR DE LA FRONTERA-Oliver Stone- (Completa)

domingo 12 de febrero de 2012

martes 7 de febrero de 2012

Crímenes del Palacio de Justicia: “Que si está la manga no aparezca el chaleco”

En materia de respeto por las decisiones judiciales del Gobierno de Uribe Vélez (2002-2010) al de Santos Calderón (2010- ?) poco y nada ha cambiado en el país. La sentencia de segunda instancia, proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, que resolvió el recurso de apelación contra la condena impuesta a Luis Alfonso Plazas Vega, ha generado las mismas ponzoñosas reacciones que en su momento produjo la decisión de la Juez Tercera Penal del Circuito Especializado de Bogotá el 9 de junio de 2010. Seguramente sin conocer el texto de la sentencia (968 folios) aprobada el 30 de enero de 2012 y mucho menos el proceso, el Presidente y los Ministros de Justicia y del Interior, de manera irresponsable e insolente se han pronunciado en términos desobligantes para con la administración de justicia, llamando a desobedecer el mandato judicial. Lo primero que debe reafirmarse es que el ex coronel del Ejército Luis Alfonso Plazas Vega, no fue condenado por la acción militar de “recuperar” el Palacio de Justicia. Fue condenado, en primera instancia, a 30 años de prisión, por la desaparición forzada de once personas en desarrollo de la operación militar de retoma del Palacio de Justicia, los días 6 y 7 de noviembre de 1985. La responsabilidad de la toma del Palacio de Justicia es del M-19, pero la responsabilidad sobre los desaparecidos corresponde al Ejército, a la Policía y a los organismos de inteligencia del Estado colombiano. En el fallo de segunda instancia, el Tribunal no confirma en su integridad la sentencia de la Juez Tercera Penal del Circuito Especializado de Bogotá. El Tribunal decidió confirmar parcialmente la condena, únicamente en relación con dos de los once desaparecidos (IRMA FRANCO PINEDA y CARLOS AUGUSTO RODRÍGUEZ VERA) y además, anuló parcialmente la investigación, a partir de su cierre, respecto de los otros nueve desaparecidos (CRISTINA DEL PILAR GUARÍN CORTÉS, DAVID SUSPES CELIS, BERNARDO BELTRÁN HERNÁNDEZ, HÉCTOR JAIME BELTRÁN FUENTES, GLORIA STELLA LIZARAZO FIGUEROA, LUZ MARY PORTELA LEÓN, NORMA CONSTANZA ESGUERRA FORERO, GLORIA ISABEL ANZOLA DE LANAO Y LUCY AMPARO OVIEDO BONILLA). Más allá de la decisión estrictamente jurídica, la providencia del Tribunal ha generado violentas reacciones en dos puntos específicos: que el Ejército deba pedirle perdón a los colombianos y que la Corte Penal Internacional eventualmente investigue al ex presidente Belisario Betancur. Sobre tales aspectos, en un acto público en Cali, Santos Calderón manifestó que “no tiene ningún sentido ni jurídico ni de ninguna naturaleza” la invocación a la Corte Penal Internacional. Por tanto, le pedía perdón “al presidente Betancur por haberlo puesto en esa situación nuevamente”. Agregó que “lo mismo le diría a nuestro gran Ejército Nacional que tanto se ha sacrificado para que nosotros tengamos libertad…”. El Presidente y sus Ministros desconocen los argumentos del Tribunal. La Corte Penal Internacional sí puede investigar al expresidente Belisario Betancur en tanto la justicia nacional, es decir la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes no le “ha adelantado ningún juicio penal porque en Colombia, la actividad jurisdiccional queda totalmente atada a las razones políticas y de conveniencia que libre y autónomamente valora el Congreso de la República, lo que lleva a que las posibles tipicidad y responsabilidad de su conducta no hayan sido examinadas por juez alguno hasta ahora y, dado que las normas sobre fuero se mantienen vigentes en la actualidad, no existe pronóstico favorable o razón que permita pensar que ello ocurrirá en el futuro” (folio 604 de la sentencia). La Justicia internacional actúa cuando la justicia nacional no quiere o no puede hacerlo. Y en el caso del expresidente Belisario Betancur resulta plenamente claro que no ha habido la más mínima intención de investigar por parte de la Comisión de Acusaciones. No es cierto, como lo afirma el Ministro de Justicia que la decisión del Tribunal deslegitime la administración de Justicia, por cuanto en el caso del expresidente Betancur, su juzgamiento no corresponde al Poder Judicial sino al Congreso de la República. ¿Quién resulta entonces deslegitimado? Si bien los hechos a investigar ocurrieron en 1985, antes de la creación de la Corte Penal Internacional (julio de 1998), el delito de desaparición forzada es una conducta imprescriptible según el artículo 7 de la Convención Interamericana sobre desaparición forzada de personas, adoptada en Brasil el 9 de junio de 1994. De otra parte es una conducta criminal que permanece en el tiempo: los desaparecidos tras la incursión del Ejército de Colombia en el Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985, continúan desaparecidos hoy. Lo que muestran las reacciones a la decisión del Tribunal es la genuflexión del Gobierno, de éste y de los anteriores, al poder de los militares. Es evidente su permanente actitud de congraciarlos, de no incomodarlos, tal vez ante el temor que vuelvan sus armas, ya no contra los ciudadanos, como lo han hecho, sino contra ellos mismos, contra los propios gobernantes. Desde Turbay Ayala, para no ir tan lejos, unos y otros han callado ante los desafueros de los militares y eso los hace cómplices de sus atrocidades. Ahí encaja el afán de modificar el alcance del fuero militar, que actualmente se tramita en el Congreso en el marco de la llamada reforma a la justicia. Que el propio Santos Calderón contradiga el mandato de la sentencia y como Comandante Supremo de las Fuerzas Militares, en cambio de pedir perdón a las víctimas, pida perdón a los victimarios es todo un despropósito y una afrenta a los familiares de los desaparecidos. Hace falta, para que emule a su antecesor, que le organice un banquete de desagravio al condenado Plazas Vega. ¿A cuál “gran Ejército Nacional” se referirá Santos Calderón, al que le pide perdón abusivamente, en nombre de todos los colombianos? ¿Será al mismo que se alió con los paramilitares para sembrar de terror el país entero? ¿Será el mismo que asesinó a cerca de tres mil ciudadanos bajo la modalidad infamemente llamada “falsos positivos”, mientras él, Santos Calderón, era el Ministro de Defensa? ¿Ese es el “gran Ejército Nacional” que tanto se ha “sacrificado”? En sus diferentes manifestaciones, el Gobierno de Santos Calderón muestra preocupación por el fallo contra Plazas Vega, pero ninguna frente a las víctimas, ninguna frente a los familiares de los desaparecidos, cuya incertidumbre sobre el paradero de sus seres queridos aún persiste. Más que pedir perdón, los militares deberían confesar qué hicieron con los cuerpos de los desaparecidos del Palacio de Justicia. El episodio del Palacio de Justicia está lejos de cerrarse, menos cuando la misma cúpula del Gobierno asume la defensa de los victimarios e ignora el dolor de las víctimas. En estos hechos, deberían ser tenidas en cuenta por encima de cualquier consideración jurídica o política, las víctimas: su dolor, su eterno sufrimiento ante un duelo inacabado. Finalmente, recordemos que la investigación debe continuar, hasta esclarecer, por ejemplo, ¿quién asesinó al magistrado Carlos Horacio Urán Rojas, quien salió vivo del Palacio de Justicia y luego apareció muerto dentro del Palacio con un disparo a quemarropa? Fuente: Viva la Ciudadanía José Hilario López Rincón Abogado-Corporación por la Dignidad Humana

lunes 6 de febrero de 2012

Atacar a Irán sería una locura; no la descarten

Tal vez es porque llevo 36 años viviendo en Medio Oriente, pero algo me huele mal. Leon Panetta, nada menos que el secretario estadunidense de la Defensa, advierte que Israel podría atacar. Lo mismo dice CNN –sería difícil encontrar algo más maloliente–, y hasta el viejo David Ignatius, quien hace una o dos décadas dejó de ser corresponsal en Medio Oriente, nos advierte lo mismo, recogido, como de costumbre, de sus “fuentes israelíes” Ya me esperaba algo así cuando la semana pasada revisé The New York Times Magazine –no es un anuncio, no quisiera que los lectores de The Independent quemaran sus energías en esas cursilerías– y leí la advertencia de un “analista” israelí (todavía intento descubrir lo que es un analista), Ronen Bergman, del periódico Yedioth Ahronoth. He aquí la pieza, lo más cercano a un guión propagandístico: “Luego de hablar con muchos (sic) altos líderes y jefes (sic de nuevo) israelíes de la inteligencia y la milicia, he llegado a creer que Israel sí atacará a Irán en 2012. Tal vez en la pequeña y cada vez más estrecha ventana que queda, Estados Unidos escogerá intervenir a final de cuentas, pero desde la perspectiva israelí no hay mucha esperanza de que lo haga. Más bien existe esa mezcla peculiarmente israelí de temor y tenacidad, la fiera convicción, cierta o falsa, de que sólo los israelíes pueden en última instancia defenderse a sí mismos”. Por principio de cuentas, cualquier periodista que predice un ataque israelí a Irán pone la cabeza bajo la guillotina. Pero sin duda cualquier periodista digno de ese nombre –y hay muchos de ésos en Israel– se haría esta pregunta: ¿para quién trabajo? ¿Para mi periódico, o mi gobierno? Panetta, quien mintió a los soldados de su país en Irak al decirles que estaban allí a causa del 11-S, debería abstenerse de entrar en este juego. Lo mismo CNN. De Ignatius prefiero olvidarme. Pero, ¿qué hay en todo esto? Nueve años después de invadir Irak –una aventura de enorme éxito, nos siguen diciendo– porque Saddam Hussein tenía “armas de destrucción masiva”, nos preparamos para aplaudir a Israel cuando bombardee Irán a causa de unas “armas de destrucción masiva” todavía más improbables. No dudo que a los pocos segundos de oír la noticia, los grotescos redactores de discursos de Barack Obama estarán sufriendo por encontrar las palabras correctas para apoyar tal ataque. Si Obama es capaz de abandonar el respaldo a la libertad y a la categoría de Estado para los palestinos con tal de lograr su relección, sin duda podrá apoyar la agresión israelí con la esperanza de que eso le permita mantenerse en la Casa Blanca. Sin embargo, si misiles iraníes comienzan a estrellarse en naves de guerra estadunidenses en el golfo –para no hablar de sus bases militares en Afganistán–, los redactores de discursos tendrán mucho más trabajo. Así que por lo menos esperemos que los británicos y los franceses no se involucren. Robert Fisk, Analista de The Independent de Gran Bretaña Fuente: SurySur

El retorno de los desaparecidos

Por lo común, es a finales de año cuando se supone que echamos la vista atrás a los acontecimientos que han sucedido, y hacia delante, a guisa de predicción, al año que llega. ¡Pues echemos un vistazo alrededor! Este momento es tan extraordinario que apenas si ha quedado consignado. Gentes de millares de comunidades por todos los Estados Unidos y en otros países están viviendo en público, experimentando con la democracia directa, llamando a las cosas por su nombre verdadero y obligando a los medios y a los políticos a hacer lo propio. La amplitud de este movimiento es una cosa, y su profundidad, otra. Ha rechazado no solo las particularidades de nuestro sistema económico sino el conjunto de supuestos morales y emocionales en los que se basa. Tomemos el caso de las dos personas que muestra una fotografía de “Ocupemos Austin” en Tejas. La anciana de amable apariencia sujeta un cartelón en el que se lee en caracteres impresos de ordenador: “El dinero nos ha robado el voto”. El anciano de la gorra de béisbol a su lado sujeta una pancarta que reza: “Somos guardianes de nuestros hermanos”. La foto de ellos dos nos ofrece un atisbo de un momento sólo en el notable periodo que estamos viviendo y el asombroso movimiento que ha atraído…bueno, si no al 99% de nosotros, pues a un porcentaje bastante asombroso: todo el mundo, de Miley Cyrus, la superestrella pop adolescente Miley Cyrus, con su video homenaje de “Ocupemos”, a Esther Green, la anciana yupik [pueblo aborigen] de Alaska pescando en el hielo y con una pancarta en grandes letras que reza “Yirqa Kuik”, con la traducción — “ocupemos el río” — en pequeño debajo. La mujer del cartel sobre los votos robados se refiere a ellos. Su compañero habla de nosotros, de todos nosotros, y de nuestros principios. Su pancarta sale directamente del Génesis, una negación de lo que Caín, ese empresario competitivo, le dijo a Dios después de dejar sin vida a su hermano Abel. No era, como afirmó, guardián de su hermano; no estamos, insistía, en deuda con nadie sino separados, aislados, cada uno a lo suyo. Pensemos en Caín como primer darwinista social y en este “ocupa” de Austin como su opuesto, afirmando que no, que el amor debería ser nuestro sistema operativo; estamos todos conectados, debemos cuidar unos de otros. Y este movimiento, nos está diciendo, tiene que ver con lo que el levantamiento argentino que comenzó hace una década, el 19 de diciembre de 2001, llamó política afectiva. Si es un movimiento sobre el amor lo es también sobre el dinero que se llevaron tan injustamente y continúan llevándose de nosotros…y sobre el hecho de que, ahora mismo, el dinero y el amor están en guerra el uno con el otro. Al fin y el cabo, en el corazón de Norteamérica, se está comenzando a meter a la gente en la cárcel por deudas, mientras el movimiento “Ocupemos” argumenta en favor de perdonar las deudas, la renegociación y el jubileo de las deudas. A veces gana el amor, o al menos la decencia. Una mañana de finales del mes del mes pasado, Josephine Tolbert, de 75 años de edad, que regentaba una guardería en una modesta vivienda de San Francisco, regresó después de dejar a un niño en el colegio para encontrarse que ella y los demás niños se quedaban fuera sin poder entrar porque se había retrasado en el pago de la hipoteca. True Compass LLC, que adquirió su casa en una venta bajo precio de mercado de acuerdo con los acreedores mientras ella creía que estaba todavía negociando con el Banco de América, no le permitió volver a entrar en la que había sido su vivienda durante casi cuatro décadas, ni siquiera para recuperar sus medicinas ni los pañales de los niños. Nos manifestamos delante de su casa y ante las raídas oficinas de True Compass mientras se escondían dentro, y los estudiantes de “Ocupemos” de la Universidad Estatal de San Francisco se manifestaron delante de un restaurante propiedad de True Compass en apoyo de esta abuela afroamericana. Gracias a esta solidaridad y a la atención mediática que atrajo, Tolbert ha recuperado sus llaves, ha vuelto a mudarse a su casa, y está renegociando las condiciones de su hipoteca. Cientos de víctimas de desahucios cuentan ahora con la defensa de secciones locales del movimiento “Ocupemos”, de West Oakland a North Minneapolis. Tal como lo define Astra Taylor, escritora, cineasta y “ocupa”: “La ocupación de viviendas desahuciadas abandonadas no sólo pone en relación los puntos desperdigados entre Wall Street y Main Street [Calle Mayor, la calle, sin más], también puede llevar a victorias rápidas y tangibles, algo que los movimientos necesitan desesperadamente para mantener su impulso. Los bancos, a lo que parece, son blancos más blandos de lo que pudiera parecer, al estar tan extendidos los casos de irregularidades legales y de rotunda delincuencia. Teniendo uno de cada cinco viviendas al borde del desahucio y sin que parezca que vayan a ralentizarse las notificaciones en los próximos años, el número de personas afectadas por la crisis — sea porque han perdido sus casas o porque están ya por debajo del agua— verdaderamente aturde la mente”. Si lo que ha estado sucediendo local y globalmente tiene varias de las características de un levantamiento, en ese caso nunca se ha producido ninguno verdaderamente tan omnipresente, de los científicos que mostraban una pancarta de “Ocupemos” en la Antártida a la presencia de “Ocupemos” en lugares tan alejados como Nueva Zelanda y Australia, São Paulo, Frankfurt, London, Toronto, Los Ángeles y Reikiavik. Y no olvidemos los lugares más minúsculos tampoco. La otra mañana, estando en los muelles de Oakland para las manifestaciones por el cierre del puerto de la Costa Oeste, me encontré con tres miembros de “Ocupemos Amador County”, una pequeña zona rural en la Sierra Nevada californiana. Su población más grande, Jackson, tiene algo más de 4.000 habitantes, lo que no ha impedido que celebrasen reuniones periódicas de “Ocupemos” al aire libre los viernes por la tarde. Una niña con una parka roja en los muelles de Oakland llevaba una pancarta con una cita de Helen Keller, ese modelo de conducta, sorda y ciega y con habla, que dijo: “Las mejores cosas y las más bellas del mundo no pueden verse ni tocarse. Hay que sentirlas con el corazón”. ¿Por qué citar a Keller en una manifestación centrada en los sindicatos y la economía? La respuesta está bien clara: porque “Ocupemos” tiene algo de la resonancia emocional de un “spiritual”, además de ser un movimiento político. Como en el caso de otras agitaciones a las que se suma en España, Grecia, Islandia (donde están metiendo de verdad a los banqueros en la cárcel), Gran Bretaña, Egipto, Siria, Túnez, Libia, Chile y más recientemente Rusia, quiere hacer preguntas fundamentales: ¿Qué es lo que importa? ¿Quién importa? ¿Quién decide? ¿Sobre qué principios? Si os paráis un momento a considerar cuán imprevisto e imprevisible era todo esto cuando el 17 de diciembre de 2010 se inmoló Mohamed Bouazizi, un vendedor callejero de verduras tunecino de Sidi Bouzid, una ciudad apartada y empobrecida. Protestaba por la existencia sin salida a la que le condenaba la economía del 1% dirigida por el autócrata Zine Ben Ali y su corrupta familia, así como por la brutalidad policial concomitante, dos cosas que han seguido siendo centrales desde entonces. Por encima de todo, tal como ha atestiguado su madre, estaba a favor de la dignidad humana, es decir, por un mundo en el que el sistema primario de valor no sea el dinero. “La compasión es nuestra nueva moneda” decía el mensaje garabateado en la tapa de una caja de pizza en el “Ocupemos Wall Street” del Parque Zuccotti, en el bajo Manhattan, que sostenía un joven pensativo en el gran fotorretrato de Jeremy Ayers. Pero, ¿qué puedes comprar con compasión? Pues bastante, parece ser, incluyendo un movimiento global, y hasta pizza, que puede llegar a ese lugar de acampada del movimiento como regalo de solidaridad. Unos pocos días después del éxito sorpresa de “Ocupemos Wall Street” se encargó pizza y en una hora llegaron pizzas por valor de 2.600 dólares, igual que el año anterior a los ocupantes de la sede estatal de Wisconsin les habían provisto de pizza, sin olvidar las empanadas enviadas y pagadas por los revolucionarios egipcios. El retorno de los desaparecidos Durante la época de las dictaduras y los escuadrones de la muerte de las décadas de 1970 y 80 en Chile, Argentina, Brasil y América Central, el término “desaparecidos” venía a describir a quienes eran secuestrados, mantenidos en cárceles secretas, torturados y a menudo ejecutados clandestinamente. Tantas décadas después, todavía se está desentrañando su destino. En los Estados Unidos, los desaparecidos también existen, y no gracias a un ejército o unos paramilitares brutales sino a una brutal economía. Cuando pierdes tu trabajo, te desvaneces en tu lugar de trabajo y, más tarde o temprano, llegas a una vaciedad en tu día a día, tu identidad, tu cartera, tu capacidad de participar en una sociedad comercial. Cuando pierdes tu casa, desapareces de los espacios familiares: el bloque de pisos, el barrio, la lista de propietarios. Con frecuencia, desapareces de la vergüenza, y dejas atrás amigos y conocidos. En las acciones de apoyo a algunos de los 1.500 propietarios de viviendas, afroamericanos en su mayoría, desahuciados en el sudeste de San Francisco, varios de ellos describieron cómo tuvieron que vencer una poderosa sensación de vergüenza simplemente para poder alzar la voz, y no menos a la hora de defenderse o sumarse al movimiento. En los Estados Unidos, el fracaso se supone que es siempre individual, no del sistema, y tiende por tanto a producir una sensación de desolación personal que deja a sus víctimas con un sentimiento de soledad y decaimiento, aunque estemos entre masas de otras personas. La gente que destruyó nuestra economía por su avaricia sin fondo es, por otro lado, desvergonzada, tan desvergonzada, como los directivos cuyas retribuciones se dispararon un 36% en 2010, durante esta profunda y agotadora recesión. Decididamente, la compasión no es su divisa. El término “ocupemos” habla por sí mismo con fuerza a los desaparecidos norteamericanos y a la idea misma de desaparición. Habla a quienes han perdido su ocupación o la vivienda que ocupaban. En sus numerosos significados, es como una gran tienda de campaña. Quiere llenar un espacio, tomar posesión de él, emplear a uno mismo, mantenerle ocupado uno, llenar el tiempo (en los siglos XVII y XVIII, el verbo tenía un significado tan sexual que cayó en desuso). Describe el estado de estar presente que las asambleas generales y los campamentos de tiendas de “Ocupemos” han vivido, un espacio en el que — tal como Mohamed Bouazizi habría podido soñar — los desaparecidos pueden reaparecer con dignidad. “Ocupemos” ha creado también un espacio en el que puede coexistir gente de todas clases, desde los sin techo a los que tienen ocupación, de los barrios marginales a la gente del campo. Coexistir en público con extraños y conocidos de ideas afines es una de los grandes cimientos y experiencias de la democracia, que es la razón por la que las dictaduras prohíben las reuniones y grupos, y por la que hoy se está sometiendo a prueba más duramente que en ningún momento reciente de la historia norteamericana el derecho de la gente de congregarse pacíficamente garantizado por la Primera Enmienda. Casi todos los “Ocupemos” tiene en su núcleo reuniones periódicas de una Asamblea General. Se trata de experimentos de democracia directa que han sido alborotados, exasperantes y milagrosos: ruedos en los que se invita a todo el mundo a ser oído, a tener voz, a formar parte, a configurar el futuro. “Ocupemos” es antes que nada una conversación entre nosotros. Ocupar significa también hacerse ver, estar presente, una experiencia radicalmente desconectada (“unplugged”) para una generación digital. Hoy en día, el término se aplica a cualquier lugar en el que uno planea estar presente, geográfica o metafóricamente: Ocupemos Wall Street, ocupemos el sistema alimentario, ocupa tu corazón. La invención ad hoc del micrófono popular por parte de los ocupantes del Parque Zuccotti Park, que requiere que todo el mundo escuche, repita y amplifique lo que se está diciendo, no ha hecho más que fortalecer este sentido de presencia. No se puede mandar mensajes de texto o escuchar a medias si tu cometido reside en repetirlo todo para que oigan y comprendan. Te conviertes en el guardián de la voz de tu hermano o hermana conforme vas repitiendo sus palabras. Es un triunfo del aquí y ahora, y está por doquier: los miembros del consejo rector de la Universidad de California pasan por la prueba del micro, como los políticos, la Conferencia de Durban sobre Cambio Climático tuvo ocupantes y momentos de prueba del micro. El activismo tenía una aguda necesidad de nuevos modos de hacer las cosas, y este año lo ha conseguido. Una bocanada de verdad Antes de que el movimiento de “Ocupemos” apareciera en escena, el diálogo político y la charla mediática parecía llegar de un retorcido universo paralelo. Se denunciaba cualquier mínimo gasto del gobierno, mientras que rara vez se afrontaba el torbellino que engullía la economía; los inmigrantes que trabajaban duro eran descritos como haraganes, la gente que no hacía nada era ungida como “creadores de empleo”; se pasaba por alto la economía por los suelos y el enorme sufrimiento, mientras los políticos se peleaban (con los expertos pontificando) por el déficit; la guerra de clases sólo se llamaba guerra de clases cuando la libraba alguien que no fuera la clase dominante. Es como si tratáramos de navegar por Las Vegas con un mapa del Bizancio medieval hecho jirones, por medio, encima, de un lenguaje deshecho en el que todo y todo el mundo se perdía. Entonces llegó “Ocupemos” y con ello, como barrido por una extraña pandemia, un contagioso virus de contar la verdad, y todo el mundo se vio de repente obligado a llamar a las cosas por su nombre y hablar de los problemas reales. El parloteo sobre el déficit se vio substituido por el reconocimiento de unja desigualdad grotesca. La avaricia era llamada avaricia, y una vez recibió su auténtico nombre, se volvió intolerable, como sucedió con el racismo cuando el Movimiento por los Derechos Civiles le puso nombre y lo dejó en evidencia para aquellas personas que no lo sufrían directamente. La enorme magnitud del sufrimiento causado por las deudas de los estudiantes y el aumento de las matrículas, los desahucios, el desempleo, el estancamiento salarial, los gastos médicos y otras desgracias del norteamericano normal pasaron de súbito a ser prioritarias en las noticias y, una vez expuestas a la luz, también ellas se volvieron intolerables. Si las soluciones a los problemas que se mencionan no están cerca ni son fáciles, nombrar las cosas, describir la realidad con cierta precisión, constituye al menos un primer paso crucial. Informarnos como ciudadanos es otro más. Aspectos de nuestra no-exactamente-democracia que eran antaño casi invisibles están hoy sobre la mesa para discutirlos…y para oponerse a ellos, sobre todo a la “persona empresarial”, estatus legal que otorga a las corporaciones el derecho, pero no las obligaciones y vulnerabilidades, de los ciudadanos (una pancarta de “Ocupemos” que se repite con frecuencia reza: “Me creeré que las grandes empresas son personas cuando Tejas ejecute a una”). El Ayuntamiento de Los Ángeles aprobó una moción que pedía la revocación de la “persona empresarial”, primera ciudad en sumarse a la campaña Move to Amend [Muévete por la Enmienda] contra la “persona empresarial” y la sentencia de 2009 del Tribunal Supremo en el caso Citizens United, que daba a las grandes empresas oportunidades ilimitadas de contribuir con fondos a nuestras campañas políticas. Hay programadas acciones de “Ocupemos” en todo el país para el 20 de enero, segundo aniversario de Citizens United. El senador independiente por Vermont, Bernie Sanders, que lleva cantando las verdades desde hace muchos años, presentó una enmienda constitucional al objeto de revocar Citizens United y limitar el poder empresarial en el Senado, mientras que el congresista Ted Deutch (demócrata por Florida) presentó una medida similar en la Cámara de Representantes. Hasta hace sólo pocos años, apenas si sabía nadie que era la “persona empresarial”. Hoy, las pancartas denunciándola resultan frecuentes. De modo parecido, en los actos de “Ocupemos”, la gente deja claro que conoce la medida de reforma denominada Ley Glass-Steagall, que fue parcialmente revocada en 1999, demoliendo el muro de separación entre banca comercial y banca de inversión; que han oído hablar de la tasa a las transferencias financieras, apodada de Robin Hood, que recaudaría miles de millones grabando mínimamente cada transacción financiera; que comprenden muchos de los medios con los que 1% se enriqueció y al resto de nosotros nos robaron. Esto representa una sorprendente curva de aprendizaje. Un nuevo lenguaje de verdad, un debate sobre lo que realmente importa, una ciudadanía informada: no es poca cosa. Pero nos hace falta más. Somos el 99’999% Yo misma estaba tan atrapada por el movimiento de “Ocupemos” que dejé de prestar mi habitual atención a la guerra sobre el clima, hasta que volví a ello por el catastrófico fracaso de las negociaciones sobre el clima de Durban, en África del Sur, donde, a principios de diciembre [de 2011] los países más poderosos y contaminantes en carbono lograron evitar tener que tomar oportunas y substanciales medidas de cualquier tipo para impedir que el clima se caliente aun más y la Tierra se deslice por un imparable cambio caótico. En nuestra naturaleza está sentirnos más apremiados por el sufrimiento humano inmediato que por remotos problemas sistémicos. Sólo que este problema no es ni la mitad de remoto de lo que imaginan muchos norteamericanos. Está provocando ya un sufrimiento humano a gran escala y aún causará más. Muchas de las crisis alimentarias de la última década guardan relación con el cambio climático, y en África están muriendo miles de personas por el caos producto del cambio climático. Las inundaciones, incendios, tormentas y olas de calor de los últimos años son anuncios del cambio climático que llega a los EE. UU. antes de lo esperado. En el sentido más inmediato, “Ocupemos” puede haber debilitado al movimiento sobre el clima al centrarnos muchos de nosotros en el sufrimiento urgente de nuestros hermanos, nuestros vecinos, nuestra democracia. Al final, no obstante, podría acabar fortaleciendo ese movimiento con sus nuevas tácticas, alianzas, espíritu y lenguaje de la verdad. A fin de cuentas, ¿por qué hemos sido incapaces de acometer los cambios de envergadura que hacen falta para limitar los gases de invernadero en la atmósfera? La respuesta estriba en una palabra que de pronto ha gozado de amplia difusión: avaricia. Responder adecuadamente a esta crisis beneficiaría a todo lo que vive. Cuando se trata del cambio climático, a fin de cuentas, somos el 99,999%. Pero el 0,001% internacional que se lucra sin medida de la economía del carbono — los magnates del petróleo y el carbono, los industriales, y los políticos de cuyos hilos tiran — están en contra de este cambio. Han conseguido durante decenios adoctrinar a muchos norteamericanos, dentro y fuera del gobierno, con la propaganda del cambio climático, difundiendo mentiras acerca de la ciencia y la economía del cambio climático, y socavando cualquier posible legislación y negociaciones internacionales para mejorarlo. Y si pensamos que el desahucio de propietarios ancianos de viviendas es brutal, pensemos en ello como una prefiguración del desplazamiento y desaparición de pueblos, comunidades, naciones, especies, hábitats. El cambio climático amenaza con desahuciarnos a todos. Los grupos que hoy trabajan sobre el clima, especialmente 350.org y Tar Sands Action (Acción contra las Arenas Bituminosas), ya han hecho cosas asombrosas. Muy recientemente, con la ayuda de indígenas canadienses, activistas locales y medios de comunicación alternativos, han estado muy cerca de acabar con la amenaza mayor y más aterradora contra el clima en Norteamérica: el oleoducto para el petróleo de arenas alquitranadas que iría de Canadá a Tejas. Ha supuesto una notable demostración de poder organizativo y voluntad popular. Puede que necesitemos que venga un “Ocupemos el Clima”. Puede que “Ocupemos Wall Street” y sus miles de filiales hayan sentado los cimientos para eso. Pero quizás el mayor regalo que nos han hecho éste y otros movimientos de 2011 es haber afinado nuestra percepción…y nuestros conflictos. De modo que hay muchas más cosas al descubierto, entre ellas la avaricia, la brutalidad con la que estamentos que van desde el Ejército egipcio a la policía de Oakland imponen la voluntad de de los gobernantes, y la mayor parte de la profunda generosidad de espíritu que está detrás, dentro y en torno a estas insurgencias y sus activistas. Ninguno de estos movimientos es perfecto, y los individuos que los componen no siempre son los mejores guardianes de sus hermanos y hermanas. Pero hay algo que no podía estar más claro: la compasión es nuestra nueva moneda. Nada ha sido para mí más conmovedor que este deseo, realizado repetida pero imperfectamente, por conectar por encima de las diferencias, por ser una comunidad, hacer un mundo mejor, abrazar al otro. Este deseo es lo que está detrás de esos campamentos desordenados, de esas manifestaciones estridentes, esas pancartas de cartón y esas conversaciones prolongadas. Los activistas jóvenes me han hablado de la extraordinaria riqueza de sus experiencias en “Ocupemos” y lo llaman amor. Con ese espíritu de llamar a las cosas por su nombre verdadero, permitidme que evoque la descripción a la que Ella Baker y Martin Luther King recurrieron para las grandes comunidades de activistas de que se levantaron a favor de los derechos civiles: una comunidad bienamada. Muchos de quienes entonces estuvieron activos nunca olvidaron los profundos lazos y la honda significación que encontraron en esa lucha. Nosotros — y la palabra “nosotros” abarca a más de los nuestros que nunca — hemos hallado también estas cosas, y este año hemos llegado a algo sin precedentes, una comunidad bienamada que circunda el globo. Rebecca Solnit es autora de 13 libros, incluyendo de A Paradise Built in Hell: The Extraordinary Communities that Arise Disaster y coautora, con su hermano David, de The Battle of the Story of the Battle of Seattle, una breve antología sobre cómo ese evento que cambió la historia ha sido tergiversado, con reproducciones de algunos de los documentos originales. FUENTE:sinpermiso

Mumia Abu Jamal: de sentenciado a muerte a la segregación

Mumia Abu Jamal, cuya pena capital fue conmutada a cadena perpetua luego de 30 años en el corredor de la muerte, sufre hoy los vejámenes del sistema carcelario de Estados Unidos, que lo retiene en una celda de aislamiento. El reo, quien se convirtió en uno de los condenados más reconocido dentro y fuera de su país, venció una batalla por la vida el pasado 9 de diciembre, cuando un fiscal de Filadelfia anunció que dejaría de solicitar la máxima pena para el periodista negro. Justo a los 30 años de su encarcelamiento, el exmiembro de Panteras Negras supo la decisión de la corte de cambiar su condena. Ese día, centenares de personas se congregaron en Pensilvania para apoyarlo y escucharon allí sus primeras declaraciones luego de conocer el fallo legal. "Por primera vez en casi 30 años no estoy físicamente entre los condenados a muerte, estoy en otro sector llamado Bloque AC, con celdas idénticas a las del corredor de la muerte pero donde nadie está condenado a morir, entre ellos, yo mismo. Es algo a lo que hay que acostumbrarse, todavía me estoy aclimatando", afirmó. Sin embargo, varios días después, nuevos obstáculos se le vinieron encima a Abu Jamal, transferido a la prisión estatal Mahanoy, en Frackville, Pensilvania, el 14 de diciembre último. En ese correccional, en vez de ubicarlo junto al resto de los presidiarios, fue puesto en una celda de aislamiento, condenado al hueco, a la soledad, lo cual fue denunciado por sus seguidores. Para algunos activistas pro derechos civiles, pese a que ya no morirá de manos de la ley norteña, la vida de Mumia, como se le conoce internacionalmente, peligra por estar expuesto al odio de quienes lo consideran una amenaza. Según informaciones de los que intentaron visitarlo luego de su traslado, citados por medios locales de prensa, el periodista fue confinado en un local donde la luz eléctrica permanece encendida todo el día y solo baja un poco su intensidad en las noches. Como compañía solo le dieron un bolígrafo de goma, ocho hojas de papel e igual número de sobres, de los cuales, a la altura de los primeros días de encierro, ya había utilizado cuatro para escribir a sus familiares. Las posibilidades de salir al aire libre, están limitadas a una sola hora al día, y las visitas a una por semana, de acuerdo con declaraciones de sus simpatizantes. Frente a las nuevas condiciones, activistas por los derechos civiles instaron a la población de Estados Unidos a enviar tarjetas y realizar llamadas telefónicas para garantizar la protección de su vida. Asimismo, le hicieron saber a los directivos del correccional que cientos de personas se interesan a diario por el bienestar del preso, quien fue acusado de matar al policía blanco Daniel Faulkner en diciembre de 1981 y sentenciado, en 1982, a morir en la silla eléctrica. No obstante, desde su nueva situación, Mumia se mantiene al tanto de las manifestaciones que se realizan en su país contra las injusticias y el sistema económico imperante. A su llegada a Mahanoy, el luchador social envió un mensaje a los indignados agrupados en el Movimiento Ocupemos Wall Street, a quienes instó a profundizar y fortalecer sus demandas a favor del 99 por ciento de la población, golpeada por la crisis económica y la inequidad. La causa de este hombre se convirtió en símbolo de los esfuerzos internacionales por la abolición de la pena capital en Estados Unidos y el extenso proceso en su contra derivó en un indicativo de las fallas e injusticias que se cometen en el país norteño. En enero del año pasado, miles de personas de diferentes regiones del mundo se sumaron a una larga lista de firmas para pedir al presidente Barack Obama que se pronunciara en contra de la pena de muerte. La fallecida exprimera dama de Francia, Danielle Mitterrand; el escritor alemán Günter Grass, y el lingüista y escritor estadounidense Noam Chomsky, se unieron a la solicitud, una de las tantas acciones realizadas a favor del reo y ahora de otros que también esperan el mismo final. El pasado mes de octubre, la Corte Suprema rechazó una solicitud de fiscales de Filadelfia para volver a imponer el castigo máximo a Abu Jamal, luego de que en la primavera pasada un tribunal federal de apelaciones federal determinó la revisión de su condena. Finalmente, luego de 30 años de lucha internacional, la sentencia fue conmutada al reo, cuya labor como periodista radial era bien conocida en los años de la década de 1970. Pese a la dura situación que enfrentaba, Mumia no dejó de mantenerse activo en la cárcel, desde donde realizaba el programa de radio Live from Death Row (En vivo desde el corredor de la muerte), título que dio también a un libro editado en 1995, en el cual refleja la vida en el pabellón de los condenados a morir. La vida del luchador, quien siempre rechazó los cargos que se le imputaron, constituye una muestra de las injusticias cometidas en el sistema judicial de Estados Unidos, donde abundan las denuncias por irregularidades, sobre todo contra negros y latinos. Su nombre podría ser uno de los tantos que engrosan la lista de los informes anuales de Crímenes de Odio, elaborados por el Buró Federal de Investigaciones (FBI), el cual solo en 2010 registró seis mil 628 delitos por esa causa, de los cuales un 47,3 por ciento ocurrieron como resultado del color de la piel. Otras investigaciones confirman que actualmente, más del 40 por ciento de los casi dos millones y medio de estadounidenses presos son negros. Ante esa realidad, muchos coinciden en que la batalla de Mumia no ha terminado, más bien se encuentra en una nueva etapa, llena de desafíos, entre los cuales está continuar la lucha por quienes permanecen injustamente en el corredor de la muerte. escrito por Sinay Céspedes Moreno Fuente: Resumen Latinoamericano/Prensa Latina

miércoles 1 de febrero de 2012

martes 24 de enero de 2012


jueves 19 de enero de 2012

Economía verde, nuevo disfraz del neoliberalismo

En medio de la más grave crisis de la economía capitalista a escala mundial, el deterioro ambiental ha sido relegado a un plano secundario. Es cierto que algo se habla sobre la pérdida de biodiversidad o el cambio climático. Pero en los hechos el medio ambiente no es prioridad. Los términos del debate sobre la crisis los ha impuesto la derecha y en su pantalla de radar el problema ambiental siempre ha ocupado un lugar subsidiario. Por eso no sorprende que ahora que los centros de poder castigan con austeridad fiscal y promueven la destrucción de cualquier vestigio del estado de bienestar, el medio ambiente brille por su ausencia. Y cuando se le pretende tratar como tema prioritario, la realidad es que sólo es para mantener el proyecto neoliberal a escala global. El Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA) promueve desde hace ya tres años una serie de proyectos que se encuadran dentro de lo que ha bautizado como la Iniciativa de Economía Verde (IEV). Este proyecto define a una economía verde como el «resultado de mejoras en el bienestar humano y equidad social, al mismo tiempo que se reducen los riesgos ambientales y la escasez ecológica». El PNUMA sostiene que el manejo eficiente de los recursos ambientales ofrece oportunidades económicas importantes. Finalmente, afirma que una economía verde debe ser baja en el uso de combustibles fósiles y socialmente incluyente. Esa retórica puede dar una buena impresión. Pero la realidad es que la iniciativa del PNUMA adolece de grandes defectos que, al final de cuentas, anulan lo que podría aparecer como buenos deseos. Lo que queda es un disfraz mal armado para darle una cara amable al neoliberalismo desde el punto de vista ambiental. El primer gran problema de la IEV es la incapacidad para examinar las causas de la destrucción ambiental. Ninguna de las fuerzas económicas que provocan el deterioro ambiental es objeto de un análisis cuidadoso. Ni la concentración del poder económico en centros corporativos, ni los procesos de acaparamiento de tierras en grandes regiones de África y América Latina, ni el efecto de la especulación financiera sobre productos básicos, ni el peso enorme de la deuda de los países más pobres del mundo son temas importantes para el PNUMA. En contraste, abunda la retórica sobre instrumentos de política basados en el mecanismo de mercado y la necesidad de alentar la inversión privada. El PNUMA también ignora las causas de la feroz desigualdad, que es rasgo dominante en la economía mundial. Tal pareciera que esa desigualdad cayó del cielo, como si se tratara de un fenómeno meteorológico. Así, la IEV habla de la necesidad de aliviar e incluso de eliminar la pobreza. Pero siempre que lo hace es en referencia al potencial que ofrece el buen manejo de los recursos. Nunca se menciona la necesidad de corregir el marcado sesgo en contra de los salarios reales. De sobra se sabe que en casi todo el mundo los salarios reales experimentaron una declinación importante a partir de los años setenta. Entre las causas más visibles de ese resultado está la represión salarial impuesta para controlar la demanda agregada y, de ese modo, llevar adelante la lucha contra la inflación (el principal enemigo del capital financiero). A pesar de la importancia de esta variable de la distribución, la palabra «salarios» no tiene cabida en el diccionario de la IEV. La desigualdad también está fuertemente anclada en una política fiscal regresiva. Sin embargo, cuando se trata de recomendaciones en materia de política fiscal, el documento del PNUMA sugiere que el mejor marco fiscal para el crecimiento debe descansar en los impuestos indirectos y en bajas tasas impositivas para el sector corporativo. Esto debe ir acompañado de «mayor eficiencia en el gasto público», lo que en la jerga neoliberal se traduce en mayores ajustes y generación de un superávit primario para pagar cargas financieras. Claro, las referencias del PNUMA son la OCDE, el Banco Mundial y la consultora PriceWaterhouseCoopers. Eso sí, se alerta sobre los «riesgos de imponer gravámenes al capital financiero». Aunque la iniciativa del PNUMA se basa en la idea de que la crisis ofrece la oportunidad para reencaminar la economía mundial por el sendero del desarrollo sustentable, ningún documento del organismo contiene un análisis serio sobre los orígenes y naturaleza de la crisis. Los lectores pueden corroborar lo anterior en la página de la IEV (www.unep.org/greeneconomy). Por extraordinario que parezca, un análisis serio sobre la crisis y sus ramificaciones no es relevante para hablar de la transición hacia una «economía verde». La iniciativa del PNUMA intenta extender la vida del modelo neoliberal. Es también un buen ejemplo de la sentencia de Keynes: no sólo hemos fracasado en el intento de comprender el orden económico en el que vivimos, sino que lo hemos mal interpretado al grado de adoptar medidas que operan duramente en nuestro detrimento. Por: Alejandro Nadal Artículo publicado en Amauta con permiso del autor Fuente: La Jornada

Informe sobre la terrible realidad de un Centro de Internamiento de Extranjeros


 “El sistema, además de inhumano, es ineficaz”
Por segundo año consecutivo, la ONG jesuita Pueblos Unidos  ha presentado suInforme Anual sobre el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) [pdf] con el que busca poner de manifiesto y mejorar la terrible realidad que se vive en los CIE de España y, más concretamente, en el de Aluche (Madrid).
Durante el año 2011 Pueblos Unidos ha mantenido un equipo de personas voluntarias dedicadas a apoyar, diariamente y de manera estable, a las personas internadas en el CIE de Madrid lo que ha permitido visitar a lo largo de todo el año a 248 internos, realizando un total de 1.049 visitas. Este número supone algo más del 7% del total de las personas internadas, que en lo que llevamos de año 2011 asciende a un total de 3.432.
Fruto de este trabajo constante, silencioso y abnegado, es el presente informe, que se divide en dos secciones:
1-¿Qué ocurre tras las rejas? que analiza con detalle las condiciones de vida en el CIE de Aluche y las principales quejas manifestadas por los propios internos.
2-¿Quién está tras las rejas? que presenta “Doce miradas sobre doce vidas rotas”, testimonios recogidos por diversos profesionales: los escritores jesuitas Pedro Miguel Lamet y Norberto Alcover; los periodistas de radio Minerva Oso (RNE), Nicolás Castellano (SER) y Noelia Vizcarra (RAI); los periodistas de prensa escrita Daniel Ayllón (Público), Pedro Simón y Olga R. Sanmartín (El Mundo); y los escritores de medios especializados Lydia Molina (Peridismo Humano), Fran Otero (Vida Nueva), África González (Mundo Negro) y José Luis Palacios (Noticias Obreras).
El informe constata la arbitrariedad, discrecionalidad y falta de información en torno a la gestión del CIE, detectada tanto por los voluntarios como por los propios internos. Algunos de los principales puntos que se desarrollan en el documento presentado esta mañana son:
-De las 248 personas visitadas, se han detectado 173 situaciones de particular vulnerabilidad, como por ejemplo: personas enfermas o con menores a su cargo, mujeres embarazadas, internos que no entienden el idioma y no comprenden su situación jurídica ni qué hacen allí.
-En torno al 60% de los casos, el tiempo de internamiento supera los 40 días; siendo el 53% de las personas internadas finalmente expulsadas. Por tanto, en palabras del jesuita director de Pueblos Unidos, Daniel Izuzquiza: “Para el 60% de los que están entre 40-60 días finalmente no se ejecuta su expulsión. Eso significa que el sistema, además de inhumano, es ineficaz, porque no cumple el objetivo para el que estaba pensado; si la policía y el gobierno saben que no va a poder expulsar a una persona, no deberían internar a esa persona. Esto solo genera más sufrimiento y más miedo”.
-A lo largo del año, Pueblos Unidos ha presentado 24 quejas ante distintos órganos de control de los CIE, lo que supone, como media, una situación susceptible de sospecha, cada 15 días. Las agresiones denunciadas se centran sobre todo en los traslados y las estancias en Barajas de los internos cuando se les intenta expulsar del país.
-Dos años después de la publicación de la Ley de Extranjería (LOEX) aún NO SE HA PUBLICADO EL REGLAMENTO sobre los CIE que se constata con la arbitrariedad, discrecionalidad y falta de información en torno a su gestión detectada tanto por los voluntarios como por los propios internos.
-Desde la experiencia de Pueblos Unidos el CIE de Madrid recoge personas de distintos puntos  de la península y eso dificulta mucho a esos internos las visitas y la comunicación con su entorno.
-A los internos no se les explica bien por qué están ahí. La arbitrariedad en la gestión del internamiento genera muchas situaciones de sufrimiento innecesario.
-Hay problemas de higiene y alimentación. El acceso a los baños está restringido por las noches: tienen que orinar en los lavabos de los módulos donde duermen seis u ocho personas en literas o hacerlo en una botella. Antes  tenían que llamar a gritos si querían algo por las noches, ahora, por lo menos, hay un interfono pero la policía no acude. En palabras de Cristina Manzanedo, abogado de Pueblos Unidos:  “Si el CIE no es una cárcel, ¿por qué se gestiona como si lo fuera? En la cárcel eres una persona; en el CIE eres un número”.
-La gestión de los CIE depende del Ministerio del Interior y se centra en aspectos de control y seguridad y no en las condiciones de vida de los internos.
-Hay falta de formación en el cuerpo nacional de policía del centro; quejas por trato vejatorio y racista a los internos y a sus familiares. En el CIE hay miedo a la policía y a otros internos, porque están mezclados los detenidos solo por situación irregular con gente con condenas penales.
-En el CIE no se dan los castigos personales sino que los castigos son generalizados; cuando hay problemas se llama a los antidisturbios; se registran las habitaciones; hay restricciones a la comunicación con la calle.  Se les retira le móvil nada más entrar y si no sabes de memoria los números de teléfono estás perdido. Se producen numerosos conflictos para acceder a las cabinas telefónicas…
-Las visitas se hacen a través de un locutorio con mampara y teléfono lo que da una sensación carcelaria.
La rueda de prensa concluyó con el testimonio de Marius Tonnang, un camerunés que estuvo 53 días internado en el CIE de Aluche. Como él mismo explicó: “Llevaba 6 años en este país cuando me internaron, yo no mato, no robo”. Y explicó algunos de los padecimientos dentro del centro: “El abogado de oficio no te deja su teléfono, el médico solo sabe de paracetamol e ibuprofeno, la gente sufre, llora…estamos mezclados con gente que está mal de la cabeza, nos tratan como animales; los policías te insultan”.
Con el trabajo recogido en el presente informe, Pueblos Unidos quiere contribuir a que mejoren las condiciones de privación de libertad y la tutela efectiva de los derechos de las personas internadas. Y piden que su experiencia y la de otras entidades sociales se tome en cuenta de cara a la nueva legislatura, de modo que pueda haber una interlocución más fluida con el Ministerio de Interior, especialmente de cara a la elaboración de un Reglamento de CIE que garantice los derechos de los internos.

lunes 9 de enero de 2012

La ciudad de los artistas del hambre




Aparte de los espectadores que sin cesar se renovaban, había allí vigilantes permanentes, designados por el público (los cuales, y no deja de ser curioso, solían ser carniceros); siempre debían estar tres al mismo tiempo, y tenían la misión de observar día y noche al ayunador para evitar que, por cualquier recóndito método, pudiera tomar alimento. Pero esto era sólo una formalidad introducida para tranquilidad de las masas, pues los iniciados sabían muy bien que el ayunador, durante el tiempo del ayuno, en ninguna circunstancia, ni aun a la fuerza, tomaría la más mínima porción de alimento; el honor de su profesión se lo prohibía.

Un artista del hambre. Franz Kafka.


De seguro que para muchos se ha convertido en un cliché hablar de Bello como la “Ciudad de los artistas”, un mote bastante pretencioso, puesto que, si lo miramos desde el punto de vista demográfico, son más los bandidos, politiqueros y prostitutas los que abundan en este villorrio, que los artistas. Bello es un cantón de malandrines y de corruptos; la alianza entre unos y otros, en un contubernio desaforado, ha permitido que se reconozca al municipio fuera del ideario colectivo local, como una ciudad de paramilitares, caciques políticos y prepagos. Dadas estas consideraciones, pudiéramos en ese caso aseverar que le vendría mejor el estandarte de “Bello, ciudad de paramilitares”, o “Bello, ciudad de bandidos de cuello blanco”, o quizá “Bello, ciudad de prostitutas”.

Pero si se diera el caso que aceptáramos el lamentable eslogan, le agregaríamos algo más: “Bello, la ciudad de los artistas del hambre”. Quien ha leído el cuento de Kafka, reconoce en el ayunador una ética y una estética, a pesar de su desfavorable situación. Caso contrario, los autodenominados artistas bellanitas se han dado a la tarea de mostrar el hambre de una manera descarada. Ya sé que la vergüenza no es una virtud, pero la sinvergüenza no es de por sí una bella carta de presentación para alguien que se considera a sí mismo “sensible, esteta y humano”.

Fue a finales de los años ochenta y principios de los noventa cuando un buen número de jóvenes entusiastas comenzaron a proclamar por las calles una forma de vida como alternativa distinta a la ya aplastante realidad de una juventud entregada por completo a las labores del sicariato, bajo órdenes del cartel de Medellín. Rearte fue un grupo que se consolidó en una firme propuesta de ciudad, abocada hacia el arte y las prácticas culturales ajenas al entronizado mundo de los narcos. El movimiento de fogateros realizó todo tipo de actividades artísticas que aunaba los mayores esfuerzos de una pequeña, aunque decisoria porción de la juventud, que empezaba a transitar por un camino desconocido, casi en penumbras: músicos, teatreros, pintores, poetas, bailarines, escultores, entre otros, se dedicaron a hacer de su cotidianidad, como diría don Juan, una realidad aparte. El mito de “Ciudad de los artistas” empezaba a florecer, con la belleza propia con la que florecen los mitos.

El “Encuentro de Arte Joven”, sepultado hace poco de manera infame por las institucionalizadas “Fiestas del Quitasol”, llegó a ser un evento que reunió a su interior cada vez mayor número de habitantes del municipio quienes veían en las manifestaciones artísticas una especie de bálsamo a la realidad cruenta que se vivía a diario en el pueblo y en el país. Surgió así un movimiento cultural que comenzó a hacer luchas sociales cada vez más complejas, y cuyos logros comenzaron a hacerse visibles gracias a la movilización ciudadana, que utilizaba el arte como herramienta, no como arma, para librar las contiendas sociales en una localidad azotada por el miedo y la indiferencia.

La lucha del movimiento por la obtención de espacios para el desarrollo de las artes, llegó a un momento importante con la construcción de la Casa Comunitaria de la Cultura “Cerro del Ángel”, cuyo espacio físico abrió sus puertas a mediados de los noventa y albergó a las nuevas generaciones de jóvenes interesados en las manifestaciones artísticas. A este punto, una parte de la población había obtenido un beneficio general, sustentado en las luchas sociales de varios años y que, de manera lamentable, también dejó su aporte en sangre por parte de algunos activistas.

Ahí empieza a cambiar la historia, pero, a diferencia de lo que esperaban quienes dieron su vida por esta causa, en sí misma noble y humana, muchos de los líderes de antaño, sintiéndose caudillos de la cultura y del arte en el municipio, comenzaron a hacer alianzas políticas, a aceptar concesiones, cargos públicos, lo que desencadenaría toda una serie de divisiones al interior del movimiento cultural que empezó a resquebrajarse, así como al despertar en tinieblas las últimas luces de un bello sueño se desvanecen. Sumado a ello, varios de los recién llegados, ya godos, que no habían tenido que pelear de manera honrosa la lucha por el arte, siguieron el mal ejemplo de los que traicionaron el movimiento y afianzaron lazos con los politiqueros y las mafias locales.

Ahora resulta que Bello es “La ciudad de los artistas”, como ellos mismos lo pregonan. La primera pregunta es: ¿Han hecho en realidad alguna obra de arte quienes así mismos se llaman artistas?, la segunda es la siguiente: ¿Mostrar el hambre persiguiendo a los politiqueros de turno, en búsqueda de un contrato, es algo que se puede considerar artístico? Lamezuelas de todas las pelambres, como diría León de Greiff: “Macuqueros, soplapitos, casta inferior desglandulada de potencia, elocuenciada de impotencia”, se ven pasar de una oficina a otra sobando sacos, tomando tinto con los bandidos (también de todas las pelambres) en la avenida Suárez, actualmente denominada  muy a la francesa el “boulevard de la cultura”, tocando pitos en las fiestas privadas y públicas de los políticos, o elogiando con sus maledicientes plumas a esa “casta inferior desglandulada”.

Aceptémoslo. Bello es “La ciudad de los artistas”, pero de los artistas del hambre. No como el artista del hambre de Kafka, ético, estético, humano; sino heliogábalos ahítos de comer el pedazo insignificante que de la torta fiscal les corresponde, gracias a su lambonería y mezquindad. Hartistas, lagartistas, intelectuales de pacotilla; criminales de pincel y de bufanda, impenitentes manchatelas; ladrones con alpargatas de baile; teatreros impotables de quinta categoría y sueldo de prostituta del poder; musiquillos de pandereta animando fiestas de mafiosos y de pillos trasnochados; poeticas de baba y estiércol, con sus malas estrofas rimadas al culo de cada línea.


Jandey Marcel Solviyerte

05 de Enero y 2012. 

miércoles 30 de noviembre de 2011

POEMA PARA DOS ACTOS



Poema para dos actos
 
Suprime ese lenguaje dulzón;
yo soy la piedra que golpea contra otra,
el río en creciente.
Enrolla tus palabras de terciopelo:
soy la muerte desprovista,
la sin refugio, la callada muerte.
Háblame despacio, palabra por palabra:
soy el dolor,
                  horadando entre tu carne,
desollando la piel terrosa de tu alma,
no me hallarás explicación.
 
Las horas pasan despiadadas
como un aletear de langostas,
sobre el trigal en siega,
ni el olvido las derrota.
Basta ya del sedoso escalpelo de las palabras,
antepongamos la lógica,
la dura pero la resuelta lógica.
Es otro tiempo, el mundo ha caminado tanto,
el  hombre poco,
cayó en la trampa de su instinto ciego
y necesita de la lógica.
 
Teresa Sevillano
(Nació en Sopetrán, Antioquia,, Colombia.  1944)
Poemas de sus libros Los sentidos hablantes e Itinerario del asombro
–Compilación poética Lúdica de sueños. Biblioteca Jurídica Diké, Medellín- 2008

martes 21 de febrero de 2012

El acuerdo humanitario de liberaciones puede contribuir a retomar una política de paz

El presidente Santos si bien hasta inicio del presente mes sostuvo que para la liberación de los miembros de la Fuerza pública capturados por las FARC no eran necesarios nuevos apoyos internos o externos, aceptó recientemente la participación de Brasil, lo cual permite prever el desarrollo exitoso del operativo humanitario que podrá incidir en mejorar el ambiente hacia el tema de la paz. En las gestiones hacia este nuevo acuerdo humanitario específico el grupo Colombianos y Colombianas por la Paz que obra como facilitador, planteó que se requería del apoyo de otro país con logística de helicópteros y propuso vincular otras liderezas sociales de la comunidad internacional. Así el Gobierno luego de reiterar varias semanas que no se requería de ningún apoyo adicional, sorprendió el pasado fin de semana al anunciar que había autorizado con anticipación el apoyo de Brasil. Sin embargo, se evidenció que fue una decisión del momento, puesto que el canciller brasileño aclaró que su país no había recibido ninguna solicitud ni autorización de actuación del gobierno colombiano. No obstante, como lo asumió el grupo facilitador, esta situación destraba la tensión existente, por lo cual Colombianos y Colombianas por la Paz solicitó a las FARC pronunciarse sobre la logística dispuesta y les reiteró el deseo de que sean liberados todos los miembros de la fuerza pública en su poder. El CICR ya colaboró con la confección del protocolo de seguridad y brinda la intermediación y participación en el dispositivo humanitario requerido. Por tanto, resta ahora sí especificar las condiciones de tiempo, lugar y modo de actuación del operativo humanitario previsto. De tal manera se conjuga en la coyuntura inmediata con la guerrilla de las FARC la posibilidad que este operativo humanitario de liberación, a partir de la decisión unilateral de los insurgentes, cree condiciones favorables para que la agenda existente supere el asunto de las retenciones y los secuestros y se perfile hacia la posibilidad de retomar conversaciones de paz. El Gobierno si bien ha sido confuso en las exigencias para tal posibilidad, de forma general insiste en el cese del uso de terrorismo y de ataques contra la población civil. Así las cosas, además de ellas son obligaciones humanitarias de cumplimiento unilateral e irrestricto, el que se produzcan a partir de las liberaciones pendientes de personal de la Fuerza Pública, comprometería al Gobierno de inmediato en adoptar términos hacia las conversaciones de paz. Por tanto, facilitaría también un ambiente hacia la retoma de una política de paz que además no sólo considere tal opción sino los compromisos integrales para la construcción integral de la paz, con el concurso necesario del Gobierno, el Estado y la sociedad. Pero es preciso al respecto discutir el alcance de los compromisos de la paz y el sentido estratégico de tal participación de la sociedad civil a través de diversas posibilidades y manifestaciones. Esto porque el presidente Santos en discusión con las FARC dice que no permitirá “que nadie juegue con la llave de la paz”. Realmente con tal afirmación reitera su equivocación al confundir la función constitucional que le concede el control del orden público y los consiguientes desarrollos legales que lo facultan para liderar los procesos de paz y nombrar y autorizar, dado el momento, contactos, vocerías y apoyos para los diálogos con las guerrillas, con el derecho y el deber constitucional que le asiste en su ámbito a todas las instancias gubernamentales, estatales y al conjunto de la ciudadanía en el tema de la paz. En consecuencia no se puede confundir la autoridad y el liderazgo presidencial en estos asuntos con el propio derecho de la sociedad a la participación, expresado de múltiples posibilidades y formas, con un asunto distinto y específico cual es la discreción y la no interferencia negativa que alguien haga en los procesos de paz y en torno a acercamientos y conversaciones con la insurgencia. La experiencia interna e internacional indica que en la resolución de los conflictos de distinto orden, incluidas las guerras como una de sus manifestaciones, el escenario ideal es cuando las partes directamente enfrentadas están en disposición de asumir directamente su resolución, con disposición a concertar acuerdos. Ellos les demandan reconocer causas, motivos, naturaleza, circunstancias y consecuencias del conflicto para poder explorar y adoptar decisiones coherentes con su superación. Ojalá los actores del conflicto consigan así transformar las problemáticas configuradas y emprender procesos de transición hacia la consolidación de la paz. Ejemplo particular de positiva resolución de un conflicto específico, asumiendo directamente por el presidente Santos, lo tenemos con el restablecimiento de unas positivas relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela y Ecuador, sin necesidad de intermediarios o facilitadores, lo que superó la ruptura de las relaciones, de tensiones militares, hechos de agresión contra países hermanos y circunstancias de aislamiento regional a que nos sometió el gobierno Uribe. Sin embargo, el asunto de la paz interna trata un asunto de mayor complejidad y dimensión. Basta recordar que los últimos ocho presidentes colombianos, incluido el actual, han tenido que recurrir o aceptar distintas formas de facilitación, apoyo, asesoría e intermediación para el tratamiento de problemáticas humanitarias, en cuya acción han concurrido múltiples actores sociales, institucionales y de la comunidad internacional, siendo sobresaliente en muchas de tales situaciones la actuación del CICR. Así mismo, cuando se han desarrollado procesos de paz, exitosos, suspendidos, parciales o fracasados, han sido aún más prolíficas como convenientes y en determinadas circunstancias necesarias las actuaciones de incidencia, mediación y otras formas de apoyo desde la sociedad, donde se han conjugado dinámicas desde lo local, regional, nacional, social, institucional e internacional. Aún cuando el gobierno o las guerrillas hacían llamados y adoptaban medidas o actitudes para el acercamiento, con frecuencia se tornaban indispensables tal tipo de contribuciones. La paz hecha con el M19, el EPL y otras guerrillas menores más allá de la disposición de las partes no es explicable sin reconocer dinámicas sociales y políticas que las influyeron decisivamente. Entre otras, en el caso del M19 los diálogos regionales en Cauca y Tolima y las mesas de concertación que dieron lugar al pacto político configurado. En el caso del EPL la ruptura con la militarización de los movimientos sociales en Urabá y otros lugares y la convergencia social y política tras la propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente como clave para la solución política del conflicto armado. Por tanto, mucho más que el tratamiento de mesa bilateral fue precisamente el escenario ante todo de esa Constituyente y la adopción concertada de la Constitución Política de 1991, lo que permitió consolidar los pactos de paz de inicio de los noventa. Por su parte, al margen de otras circunstancias y vicisitudes, los diálogos y negociaciones conseguidas con las FARC y el ELN en distintos momentos, se han realizado en medio de esfuerzos gubernamentales, estatales y sociales conjugados, con participación de diversos actores sociales, institucionales y de la comunidad internacional. Por supuesto que las condiciones políticas, sociales y del conflicto armado han evolucionado y registran notorios cambios. En el curso de los 90 tuvo lugar un dinámico movimiento por la paz que demandó reiniciar conversaciones entre el gobierno y las guerrillas y el cese de las violaciones cometidas por las partes contra la población civil. Esto dio lugar, al finalizar esa década e iniciarse el nuevo siglo, a diálogos y negociaciones de paz, lamentablemente fracasados durante la administración Pastrana. Sobrevino entonces la decepción con las nuevas posibilidades de la paz negociada y se impuso la apuesta de la solución militar, experimentada de forma sostenida por el gobierno Uribe y aún vigente, que en su aplicación conllevó el cuestionamiento y persecución contra quienes siguieran pugnando por la solución política del conflicto armado e intervinieran con el propósito de conseguir soluciones humanitarias. Sin embargo, después de una década de ofensiva militar oficial sostenida -que se cumple exactamente este mes-, si bien se logró debilitar y aislar en buen grado a las guerrillas, no consiguió su derrota y, por el contrario, en especial las FARC registran adaptación y cierto grado de retoma de iniciativa en las hostilidades bajo las nuevas circunstancias. En repetidas ocasiones el recordado líder emblemático del movimiento por la paz, Augusto Ramírez Ocampo, se refirió al movimiento pendular de nuestra historia del conflicto armado y las búsquedas de soluciones políticas y militares. De tal forma, ante la inviabilidad evidenciada de la salida militar corresponde ahora revisar en las nuevas condiciones la posibilidad de la salida política del conflicto armado con la insurgencia aún persistente. Al menos de manera inicial y formal así lo reconocen el propio gobierno, las FARC y el ELN y diversos sectores de la sociedad, a la vez que otra vez se tornan mayoritarias las posturas ciudadanas favorables al entendimiento y la solución política del conflicto armado y de otros conflictos. Desde luego que el entorno político y del conflicto armado ha variado notoriamente. El propio conflicto armado ya no es un eje transversal determinante frente a múltiples dinámicas sociales y diversos conflictos. La construcción de la paz se impone como apuesta programática, política y social desde muchos ámbitos, sin necesariamente tener que contar con los actores armados. La guerra está cada vez más deslegitimada por sus efectos contra las posibilidades de los proyectos democráticos y contra la misma población. Los niveles de influjo social y político de las guerrillas persistentes se han reducido notoriamente. Y las dinámicas políticas, sociales y ciudadanas comprometidas con la demanda de la paz lo hacen progresivamente sobre posiciones de autonomía y expresan la no delegación de su representatividad ni el endosamiento de su plataforma y su protagonismo en la construcción de consensos y en el anhelado pacto nacional que podrá soportar siempre un auténtico proceso de paz. Además, sus aspiraciones no se sujetan a un eventual proceso de paz con la guerrilla sino que en todo caso avanzan por vía de la acción política, la participación en diversos espacios de incidencia y la movilización directa. Esto hace prever que el logro definitivo de la paz, el cierre de las hostilidades con las guerrillas y la superación del complejo entramado de poderes regionales ajenos al Estado constitucional que mantiene el narco-paramilitarismo, no serán producto de una sola decisión ni de un acto único sino el logro de una agenda de diversos compromisos básicos, con el concurso del Gobierno, el Estado y la sociedad. En tal contexto se aspira por supuesto también a una negociación de paz con las insurgencias de las FARC y el ELN, pero no será su escenario ni su agenda el epicentro que abarque todo el marco de los compromisos y soluciones a tratar. Por tanto, podemos prever con tales guerrillas una agenda más focalizada y acotada con respecto a temáticas políticas, sociales y del conflicto; reducida en pretensiones y posibilidades, por ejemplo con respecto a lo que fue la agenda del Caguán. Pero esta situación tampoco desconoce la necesidad e importancia histórica de tal negociación que alentamos, puesto que la paz pendiente conlleva también asuntos necesarios que se reducen a las propuestas de instrumento de justicia transicional y de reinserción que hasta ahora se escuchan desde el algo gobierno, que evidentemente carece de una política de paz. Fuente¨: Viva la Ciudadanía. SEMANARIO VIRTUAL CAJA DE HERRAMIENTAS Por:Álvaro Villarraga Sarmiento Presidente de la Fundación Cultura Democrática

AL SUR DE LA FRONTERA-Oliver Stone- (Completa)

domingo 12 de febrero de 2012

martes 7 de febrero de 2012

Crímenes del Palacio de Justicia: “Que si está la manga no aparezca el chaleco”

En materia de respeto por las decisiones judiciales del Gobierno de Uribe Vélez (2002-2010) al de Santos Calderón (2010- ?) poco y nada ha cambiado en el país. La sentencia de segunda instancia, proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, que resolvió el recurso de apelación contra la condena impuesta a Luis Alfonso Plazas Vega, ha generado las mismas ponzoñosas reacciones que en su momento produjo la decisión de la Juez Tercera Penal del Circuito Especializado de Bogotá el 9 de junio de 2010. Seguramente sin conocer el texto de la sentencia (968 folios) aprobada el 30 de enero de 2012 y mucho menos el proceso, el Presidente y los Ministros de Justicia y del Interior, de manera irresponsable e insolente se han pronunciado en términos desobligantes para con la administración de justicia, llamando a desobedecer el mandato judicial. Lo primero que debe reafirmarse es que el ex coronel del Ejército Luis Alfonso Plazas Vega, no fue condenado por la acción militar de “recuperar” el Palacio de Justicia. Fue condenado, en primera instancia, a 30 años de prisión, por la desaparición forzada de once personas en desarrollo de la operación militar de retoma del Palacio de Justicia, los días 6 y 7 de noviembre de 1985. La responsabilidad de la toma del Palacio de Justicia es del M-19, pero la responsabilidad sobre los desaparecidos corresponde al Ejército, a la Policía y a los organismos de inteligencia del Estado colombiano. En el fallo de segunda instancia, el Tribunal no confirma en su integridad la sentencia de la Juez Tercera Penal del Circuito Especializado de Bogotá. El Tribunal decidió confirmar parcialmente la condena, únicamente en relación con dos de los once desaparecidos (IRMA FRANCO PINEDA y CARLOS AUGUSTO RODRÍGUEZ VERA) y además, anuló parcialmente la investigación, a partir de su cierre, respecto de los otros nueve desaparecidos (CRISTINA DEL PILAR GUARÍN CORTÉS, DAVID SUSPES CELIS, BERNARDO BELTRÁN HERNÁNDEZ, HÉCTOR JAIME BELTRÁN FUENTES, GLORIA STELLA LIZARAZO FIGUEROA, LUZ MARY PORTELA LEÓN, NORMA CONSTANZA ESGUERRA FORERO, GLORIA ISABEL ANZOLA DE LANAO Y LUCY AMPARO OVIEDO BONILLA). Más allá de la decisión estrictamente jurídica, la providencia del Tribunal ha generado violentas reacciones en dos puntos específicos: que el Ejército deba pedirle perdón a los colombianos y que la Corte Penal Internacional eventualmente investigue al ex presidente Belisario Betancur. Sobre tales aspectos, en un acto público en Cali, Santos Calderón manifestó que “no tiene ningún sentido ni jurídico ni de ninguna naturaleza” la invocación a la Corte Penal Internacional. Por tanto, le pedía perdón “al presidente Betancur por haberlo puesto en esa situación nuevamente”. Agregó que “lo mismo le diría a nuestro gran Ejército Nacional que tanto se ha sacrificado para que nosotros tengamos libertad…”. El Presidente y sus Ministros desconocen los argumentos del Tribunal. La Corte Penal Internacional sí puede investigar al expresidente Belisario Betancur en tanto la justicia nacional, es decir la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes no le “ha adelantado ningún juicio penal porque en Colombia, la actividad jurisdiccional queda totalmente atada a las razones políticas y de conveniencia que libre y autónomamente valora el Congreso de la República, lo que lleva a que las posibles tipicidad y responsabilidad de su conducta no hayan sido examinadas por juez alguno hasta ahora y, dado que las normas sobre fuero se mantienen vigentes en la actualidad, no existe pronóstico favorable o razón que permita pensar que ello ocurrirá en el futuro” (folio 604 de la sentencia). La Justicia internacional actúa cuando la justicia nacional no quiere o no puede hacerlo. Y en el caso del expresidente Belisario Betancur resulta plenamente claro que no ha habido la más mínima intención de investigar por parte de la Comisión de Acusaciones. No es cierto, como lo afirma el Ministro de Justicia que la decisión del Tribunal deslegitime la administración de Justicia, por cuanto en el caso del expresidente Betancur, su juzgamiento no corresponde al Poder Judicial sino al Congreso de la República. ¿Quién resulta entonces deslegitimado? Si bien los hechos a investigar ocurrieron en 1985, antes de la creación de la Corte Penal Internacional (julio de 1998), el delito de desaparición forzada es una conducta imprescriptible según el artículo 7 de la Convención Interamericana sobre desaparición forzada de personas, adoptada en Brasil el 9 de junio de 1994. De otra parte es una conducta criminal que permanece en el tiempo: los desaparecidos tras la incursión del Ejército de Colombia en el Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985, continúan desaparecidos hoy. Lo que muestran las reacciones a la decisión del Tribunal es la genuflexión del Gobierno, de éste y de los anteriores, al poder de los militares. Es evidente su permanente actitud de congraciarlos, de no incomodarlos, tal vez ante el temor que vuelvan sus armas, ya no contra los ciudadanos, como lo han hecho, sino contra ellos mismos, contra los propios gobernantes. Desde Turbay Ayala, para no ir tan lejos, unos y otros han callado ante los desafueros de los militares y eso los hace cómplices de sus atrocidades. Ahí encaja el afán de modificar el alcance del fuero militar, que actualmente se tramita en el Congreso en el marco de la llamada reforma a la justicia. Que el propio Santos Calderón contradiga el mandato de la sentencia y como Comandante Supremo de las Fuerzas Militares, en cambio de pedir perdón a las víctimas, pida perdón a los victimarios es todo un despropósito y una afrenta a los familiares de los desaparecidos. Hace falta, para que emule a su antecesor, que le organice un banquete de desagravio al condenado Plazas Vega. ¿A cuál “gran Ejército Nacional” se referirá Santos Calderón, al que le pide perdón abusivamente, en nombre de todos los colombianos? ¿Será al mismo que se alió con los paramilitares para sembrar de terror el país entero? ¿Será el mismo que asesinó a cerca de tres mil ciudadanos bajo la modalidad infamemente llamada “falsos positivos”, mientras él, Santos Calderón, era el Ministro de Defensa? ¿Ese es el “gran Ejército Nacional” que tanto se ha “sacrificado”? En sus diferentes manifestaciones, el Gobierno de Santos Calderón muestra preocupación por el fallo contra Plazas Vega, pero ninguna frente a las víctimas, ninguna frente a los familiares de los desaparecidos, cuya incertidumbre sobre el paradero de sus seres queridos aún persiste. Más que pedir perdón, los militares deberían confesar qué hicieron con los cuerpos de los desaparecidos del Palacio de Justicia. El episodio del Palacio de Justicia está lejos de cerrarse, menos cuando la misma cúpula del Gobierno asume la defensa de los victimarios e ignora el dolor de las víctimas. En estos hechos, deberían ser tenidas en cuenta por encima de cualquier consideración jurídica o política, las víctimas: su dolor, su eterno sufrimiento ante un duelo inacabado. Finalmente, recordemos que la investigación debe continuar, hasta esclarecer, por ejemplo, ¿quién asesinó al magistrado Carlos Horacio Urán Rojas, quien salió vivo del Palacio de Justicia y luego apareció muerto dentro del Palacio con un disparo a quemarropa? Fuente: Viva la Ciudadanía José Hilario López Rincón Abogado-Corporación por la Dignidad Humana

lunes 6 de febrero de 2012

Atacar a Irán sería una locura; no la descarten

Tal vez es porque llevo 36 años viviendo en Medio Oriente, pero algo me huele mal. Leon Panetta, nada menos que el secretario estadunidense de la Defensa, advierte que Israel podría atacar. Lo mismo dice CNN –sería difícil encontrar algo más maloliente–, y hasta el viejo David Ignatius, quien hace una o dos décadas dejó de ser corresponsal en Medio Oriente, nos advierte lo mismo, recogido, como de costumbre, de sus “fuentes israelíes” Ya me esperaba algo así cuando la semana pasada revisé The New York Times Magazine –no es un anuncio, no quisiera que los lectores de The Independent quemaran sus energías en esas cursilerías– y leí la advertencia de un “analista” israelí (todavía intento descubrir lo que es un analista), Ronen Bergman, del periódico Yedioth Ahronoth. He aquí la pieza, lo más cercano a un guión propagandístico: “Luego de hablar con muchos (sic) altos líderes y jefes (sic de nuevo) israelíes de la inteligencia y la milicia, he llegado a creer que Israel sí atacará a Irán en 2012. Tal vez en la pequeña y cada vez más estrecha ventana que queda, Estados Unidos escogerá intervenir a final de cuentas, pero desde la perspectiva israelí no hay mucha esperanza de que lo haga. Más bien existe esa mezcla peculiarmente israelí de temor y tenacidad, la fiera convicción, cierta o falsa, de que sólo los israelíes pueden en última instancia defenderse a sí mismos”. Por principio de cuentas, cualquier periodista que predice un ataque israelí a Irán pone la cabeza bajo la guillotina. Pero sin duda cualquier periodista digno de ese nombre –y hay muchos de ésos en Israel– se haría esta pregunta: ¿para quién trabajo? ¿Para mi periódico, o mi gobierno? Panetta, quien mintió a los soldados de su país en Irak al decirles que estaban allí a causa del 11-S, debería abstenerse de entrar en este juego. Lo mismo CNN. De Ignatius prefiero olvidarme. Pero, ¿qué hay en todo esto? Nueve años después de invadir Irak –una aventura de enorme éxito, nos siguen diciendo– porque Saddam Hussein tenía “armas de destrucción masiva”, nos preparamos para aplaudir a Israel cuando bombardee Irán a causa de unas “armas de destrucción masiva” todavía más improbables. No dudo que a los pocos segundos de oír la noticia, los grotescos redactores de discursos de Barack Obama estarán sufriendo por encontrar las palabras correctas para apoyar tal ataque. Si Obama es capaz de abandonar el respaldo a la libertad y a la categoría de Estado para los palestinos con tal de lograr su relección, sin duda podrá apoyar la agresión israelí con la esperanza de que eso le permita mantenerse en la Casa Blanca. Sin embargo, si misiles iraníes comienzan a estrellarse en naves de guerra estadunidenses en el golfo –para no hablar de sus bases militares en Afganistán–, los redactores de discursos tendrán mucho más trabajo. Así que por lo menos esperemos que los británicos y los franceses no se involucren. Robert Fisk, Analista de The Independent de Gran Bretaña Fuente: SurySur

El retorno de los desaparecidos

Por lo común, es a finales de año cuando se supone que echamos la vista atrás a los acontecimientos que han sucedido, y hacia delante, a guisa de predicción, al año que llega. ¡Pues echemos un vistazo alrededor! Este momento es tan extraordinario que apenas si ha quedado consignado. Gentes de millares de comunidades por todos los Estados Unidos y en otros países están viviendo en público, experimentando con la democracia directa, llamando a las cosas por su nombre verdadero y obligando a los medios y a los políticos a hacer lo propio. La amplitud de este movimiento es una cosa, y su profundidad, otra. Ha rechazado no solo las particularidades de nuestro sistema económico sino el conjunto de supuestos morales y emocionales en los que se basa. Tomemos el caso de las dos personas que muestra una fotografía de “Ocupemos Austin” en Tejas. La anciana de amable apariencia sujeta un cartelón en el que se lee en caracteres impresos de ordenador: “El dinero nos ha robado el voto”. El anciano de la gorra de béisbol a su lado sujeta una pancarta que reza: “Somos guardianes de nuestros hermanos”. La foto de ellos dos nos ofrece un atisbo de un momento sólo en el notable periodo que estamos viviendo y el asombroso movimiento que ha atraído…bueno, si no al 99% de nosotros, pues a un porcentaje bastante asombroso: todo el mundo, de Miley Cyrus, la superestrella pop adolescente Miley Cyrus, con su video homenaje de “Ocupemos”, a Esther Green, la anciana yupik [pueblo aborigen] de Alaska pescando en el hielo y con una pancarta en grandes letras que reza “Yirqa Kuik”, con la traducción — “ocupemos el río” — en pequeño debajo. La mujer del cartel sobre los votos robados se refiere a ellos. Su compañero habla de nosotros, de todos nosotros, y de nuestros principios. Su pancarta sale directamente del Génesis, una negación de lo que Caín, ese empresario competitivo, le dijo a Dios después de dejar sin vida a su hermano Abel. No era, como afirmó, guardián de su hermano; no estamos, insistía, en deuda con nadie sino separados, aislados, cada uno a lo suyo. Pensemos en Caín como primer darwinista social y en este “ocupa” de Austin como su opuesto, afirmando que no, que el amor debería ser nuestro sistema operativo; estamos todos conectados, debemos cuidar unos de otros. Y este movimiento, nos está diciendo, tiene que ver con lo que el levantamiento argentino que comenzó hace una década, el 19 de diciembre de 2001, llamó política afectiva. Si es un movimiento sobre el amor lo es también sobre el dinero que se llevaron tan injustamente y continúan llevándose de nosotros…y sobre el hecho de que, ahora mismo, el dinero y el amor están en guerra el uno con el otro. Al fin y el cabo, en el corazón de Norteamérica, se está comenzando a meter a la gente en la cárcel por deudas, mientras el movimiento “Ocupemos” argumenta en favor de perdonar las deudas, la renegociación y el jubileo de las deudas. A veces gana el amor, o al menos la decencia. Una mañana de finales del mes del mes pasado, Josephine Tolbert, de 75 años de edad, que regentaba una guardería en una modesta vivienda de San Francisco, regresó después de dejar a un niño en el colegio para encontrarse que ella y los demás niños se quedaban fuera sin poder entrar porque se había retrasado en el pago de la hipoteca. True Compass LLC, que adquirió su casa en una venta bajo precio de mercado de acuerdo con los acreedores mientras ella creía que estaba todavía negociando con el Banco de América, no le permitió volver a entrar en la que había sido su vivienda durante casi cuatro décadas, ni siquiera para recuperar sus medicinas ni los pañales de los niños. Nos manifestamos delante de su casa y ante las raídas oficinas de True Compass mientras se escondían dentro, y los estudiantes de “Ocupemos” de la Universidad Estatal de San Francisco se manifestaron delante de un restaurante propiedad de True Compass en apoyo de esta abuela afroamericana. Gracias a esta solidaridad y a la atención mediática que atrajo, Tolbert ha recuperado sus llaves, ha vuelto a mudarse a su casa, y está renegociando las condiciones de su hipoteca. Cientos de víctimas de desahucios cuentan ahora con la defensa de secciones locales del movimiento “Ocupemos”, de West Oakland a North Minneapolis. Tal como lo define Astra Taylor, escritora, cineasta y “ocupa”: “La ocupación de viviendas desahuciadas abandonadas no sólo pone en relación los puntos desperdigados entre Wall Street y Main Street [Calle Mayor, la calle, sin más], también puede llevar a victorias rápidas y tangibles, algo que los movimientos necesitan desesperadamente para mantener su impulso. Los bancos, a lo que parece, son blancos más blandos de lo que pudiera parecer, al estar tan extendidos los casos de irregularidades legales y de rotunda delincuencia. Teniendo uno de cada cinco viviendas al borde del desahucio y sin que parezca que vayan a ralentizarse las notificaciones en los próximos años, el número de personas afectadas por la crisis — sea porque han perdido sus casas o porque están ya por debajo del agua— verdaderamente aturde la mente”. Si lo que ha estado sucediendo local y globalmente tiene varias de las características de un levantamiento, en ese caso nunca se ha producido ninguno verdaderamente tan omnipresente, de los científicos que mostraban una pancarta de “Ocupemos” en la Antártida a la presencia de “Ocupemos” en lugares tan alejados como Nueva Zelanda y Australia, São Paulo, Frankfurt, London, Toronto, Los Ángeles y Reikiavik. Y no olvidemos los lugares más minúsculos tampoco. La otra mañana, estando en los muelles de Oakland para las manifestaciones por el cierre del puerto de la Costa Oeste, me encontré con tres miembros de “Ocupemos Amador County”, una pequeña zona rural en la Sierra Nevada californiana. Su población más grande, Jackson, tiene algo más de 4.000 habitantes, lo que no ha impedido que celebrasen reuniones periódicas de “Ocupemos” al aire libre los viernes por la tarde. Una niña con una parka roja en los muelles de Oakland llevaba una pancarta con una cita de Helen Keller, ese modelo de conducta, sorda y ciega y con habla, que dijo: “Las mejores cosas y las más bellas del mundo no pueden verse ni tocarse. Hay que sentirlas con el corazón”. ¿Por qué citar a Keller en una manifestación centrada en los sindicatos y la economía? La respuesta está bien clara: porque “Ocupemos” tiene algo de la resonancia emocional de un “spiritual”, además de ser un movimiento político. Como en el caso de otras agitaciones a las que se suma en España, Grecia, Islandia (donde están metiendo de verdad a los banqueros en la cárcel), Gran Bretaña, Egipto, Siria, Túnez, Libia, Chile y más recientemente Rusia, quiere hacer preguntas fundamentales: ¿Qué es lo que importa? ¿Quién importa? ¿Quién decide? ¿Sobre qué principios? Si os paráis un momento a considerar cuán imprevisto e imprevisible era todo esto cuando el 17 de diciembre de 2010 se inmoló Mohamed Bouazizi, un vendedor callejero de verduras tunecino de Sidi Bouzid, una ciudad apartada y empobrecida. Protestaba por la existencia sin salida a la que le condenaba la economía del 1% dirigida por el autócrata Zine Ben Ali y su corrupta familia, así como por la brutalidad policial concomitante, dos cosas que han seguido siendo centrales desde entonces. Por encima de todo, tal como ha atestiguado su madre, estaba a favor de la dignidad humana, es decir, por un mundo en el que el sistema primario de valor no sea el dinero. “La compasión es nuestra nueva moneda” decía el mensaje garabateado en la tapa de una caja de pizza en el “Ocupemos Wall Street” del Parque Zuccotti, en el bajo Manhattan, que sostenía un joven pensativo en el gran fotorretrato de Jeremy Ayers. Pero, ¿qué puedes comprar con compasión? Pues bastante, parece ser, incluyendo un movimiento global, y hasta pizza, que puede llegar a ese lugar de acampada del movimiento como regalo de solidaridad. Unos pocos días después del éxito sorpresa de “Ocupemos Wall Street” se encargó pizza y en una hora llegaron pizzas por valor de 2.600 dólares, igual que el año anterior a los ocupantes de la sede estatal de Wisconsin les habían provisto de pizza, sin olvidar las empanadas enviadas y pagadas por los revolucionarios egipcios. El retorno de los desaparecidos Durante la época de las dictaduras y los escuadrones de la muerte de las décadas de 1970 y 80 en Chile, Argentina, Brasil y América Central, el término “desaparecidos” venía a describir a quienes eran secuestrados, mantenidos en cárceles secretas, torturados y a menudo ejecutados clandestinamente. Tantas décadas después, todavía se está desentrañando su destino. En los Estados Unidos, los desaparecidos también existen, y no gracias a un ejército o unos paramilitares brutales sino a una brutal economía. Cuando pierdes tu trabajo, te desvaneces en tu lugar de trabajo y, más tarde o temprano, llegas a una vaciedad en tu día a día, tu identidad, tu cartera, tu capacidad de participar en una sociedad comercial. Cuando pierdes tu casa, desapareces de los espacios familiares: el bloque de pisos, el barrio, la lista de propietarios. Con frecuencia, desapareces de la vergüenza, y dejas atrás amigos y conocidos. En las acciones de apoyo a algunos de los 1.500 propietarios de viviendas, afroamericanos en su mayoría, desahuciados en el sudeste de San Francisco, varios de ellos describieron cómo tuvieron que vencer una poderosa sensación de vergüenza simplemente para poder alzar la voz, y no menos a la hora de defenderse o sumarse al movimiento. En los Estados Unidos, el fracaso se supone que es siempre individual, no del sistema, y tiende por tanto a producir una sensación de desolación personal que deja a sus víctimas con un sentimiento de soledad y decaimiento, aunque estemos entre masas de otras personas. La gente que destruyó nuestra economía por su avaricia sin fondo es, por otro lado, desvergonzada, tan desvergonzada, como los directivos cuyas retribuciones se dispararon un 36% en 2010, durante esta profunda y agotadora recesión. Decididamente, la compasión no es su divisa. El término “ocupemos” habla por sí mismo con fuerza a los desaparecidos norteamericanos y a la idea misma de desaparición. Habla a quienes han perdido su ocupación o la vivienda que ocupaban. En sus numerosos significados, es como una gran tienda de campaña. Quiere llenar un espacio, tomar posesión de él, emplear a uno mismo, mantenerle ocupado uno, llenar el tiempo (en los siglos XVII y XVIII, el verbo tenía un significado tan sexual que cayó en desuso). Describe el estado de estar presente que las asambleas generales y los campamentos de tiendas de “Ocupemos” han vivido, un espacio en el que — tal como Mohamed Bouazizi habría podido soñar — los desaparecidos pueden reaparecer con dignidad. “Ocupemos” ha creado también un espacio en el que puede coexistir gente de todas clases, desde los sin techo a los que tienen ocupación, de los barrios marginales a la gente del campo. Coexistir en público con extraños y conocidos de ideas afines es una de los grandes cimientos y experiencias de la democracia, que es la razón por la que las dictaduras prohíben las reuniones y grupos, y por la que hoy se está sometiendo a prueba más duramente que en ningún momento reciente de la historia norteamericana el derecho de la gente de congregarse pacíficamente garantizado por la Primera Enmienda. Casi todos los “Ocupemos” tiene en su núcleo reuniones periódicas de una Asamblea General. Se trata de experimentos de democracia directa que han sido alborotados, exasperantes y milagrosos: ruedos en los que se invita a todo el mundo a ser oído, a tener voz, a formar parte, a configurar el futuro. “Ocupemos” es antes que nada una conversación entre nosotros. Ocupar significa también hacerse ver, estar presente, una experiencia radicalmente desconectada (“unplugged”) para una generación digital. Hoy en día, el término se aplica a cualquier lugar en el que uno planea estar presente, geográfica o metafóricamente: Ocupemos Wall Street, ocupemos el sistema alimentario, ocupa tu corazón. La invención ad hoc del micrófono popular por parte de los ocupantes del Parque Zuccotti Park, que requiere que todo el mundo escuche, repita y amplifique lo que se está diciendo, no ha hecho más que fortalecer este sentido de presencia. No se puede mandar mensajes de texto o escuchar a medias si tu cometido reside en repetirlo todo para que oigan y comprendan. Te conviertes en el guardián de la voz de tu hermano o hermana conforme vas repitiendo sus palabras. Es un triunfo del aquí y ahora, y está por doquier: los miembros del consejo rector de la Universidad de California pasan por la prueba del micro, como los políticos, la Conferencia de Durban sobre Cambio Climático tuvo ocupantes y momentos de prueba del micro. El activismo tenía una aguda necesidad de nuevos modos de hacer las cosas, y este año lo ha conseguido. Una bocanada de verdad Antes de que el movimiento de “Ocupemos” apareciera en escena, el diálogo político y la charla mediática parecía llegar de un retorcido universo paralelo. Se denunciaba cualquier mínimo gasto del gobierno, mientras que rara vez se afrontaba el torbellino que engullía la economía; los inmigrantes que trabajaban duro eran descritos como haraganes, la gente que no hacía nada era ungida como “creadores de empleo”; se pasaba por alto la economía por los suelos y el enorme sufrimiento, mientras los políticos se peleaban (con los expertos pontificando) por el déficit; la guerra de clases sólo se llamaba guerra de clases cuando la libraba alguien que no fuera la clase dominante. Es como si tratáramos de navegar por Las Vegas con un mapa del Bizancio medieval hecho jirones, por medio, encima, de un lenguaje deshecho en el que todo y todo el mundo se perdía. Entonces llegó “Ocupemos” y con ello, como barrido por una extraña pandemia, un contagioso virus de contar la verdad, y todo el mundo se vio de repente obligado a llamar a las cosas por su nombre y hablar de los problemas reales. El parloteo sobre el déficit se vio substituido por el reconocimiento de unja desigualdad grotesca. La avaricia era llamada avaricia, y una vez recibió su auténtico nombre, se volvió intolerable, como sucedió con el racismo cuando el Movimiento por los Derechos Civiles le puso nombre y lo dejó en evidencia para aquellas personas que no lo sufrían directamente. La enorme magnitud del sufrimiento causado por las deudas de los estudiantes y el aumento de las matrículas, los desahucios, el desempleo, el estancamiento salarial, los gastos médicos y otras desgracias del norteamericano normal pasaron de súbito a ser prioritarias en las noticias y, una vez expuestas a la luz, también ellas se volvieron intolerables. Si las soluciones a los problemas que se mencionan no están cerca ni son fáciles, nombrar las cosas, describir la realidad con cierta precisión, constituye al menos un primer paso crucial. Informarnos como ciudadanos es otro más. Aspectos de nuestra no-exactamente-democracia que eran antaño casi invisibles están hoy sobre la mesa para discutirlos…y para oponerse a ellos, sobre todo a la “persona empresarial”, estatus legal que otorga a las corporaciones el derecho, pero no las obligaciones y vulnerabilidades, de los ciudadanos (una pancarta de “Ocupemos” que se repite con frecuencia reza: “Me creeré que las grandes empresas son personas cuando Tejas ejecute a una”). El Ayuntamiento de Los Ángeles aprobó una moción que pedía la revocación de la “persona empresarial”, primera ciudad en sumarse a la campaña Move to Amend [Muévete por la Enmienda] contra la “persona empresarial” y la sentencia de 2009 del Tribunal Supremo en el caso Citizens United, que daba a las grandes empresas oportunidades ilimitadas de contribuir con fondos a nuestras campañas políticas. Hay programadas acciones de “Ocupemos” en todo el país para el 20 de enero, segundo aniversario de Citizens United. El senador independiente por Vermont, Bernie Sanders, que lleva cantando las verdades desde hace muchos años, presentó una enmienda constitucional al objeto de revocar Citizens United y limitar el poder empresarial en el Senado, mientras que el congresista Ted Deutch (demócrata por Florida) presentó una medida similar en la Cámara de Representantes. Hasta hace sólo pocos años, apenas si sabía nadie que era la “persona empresarial”. Hoy, las pancartas denunciándola resultan frecuentes. De modo parecido, en los actos de “Ocupemos”, la gente deja claro que conoce la medida de reforma denominada Ley Glass-Steagall, que fue parcialmente revocada en 1999, demoliendo el muro de separación entre banca comercial y banca de inversión; que han oído hablar de la tasa a las transferencias financieras, apodada de Robin Hood, que recaudaría miles de millones grabando mínimamente cada transacción financiera; que comprenden muchos de los medios con los que 1% se enriqueció y al resto de nosotros nos robaron. Esto representa una sorprendente curva de aprendizaje. Un nuevo lenguaje de verdad, un debate sobre lo que realmente importa, una ciudadanía informada: no es poca cosa. Pero nos hace falta más. Somos el 99’999% Yo misma estaba tan atrapada por el movimiento de “Ocupemos” que dejé de prestar mi habitual atención a la guerra sobre el clima, hasta que volví a ello por el catastrófico fracaso de las negociaciones sobre el clima de Durban, en África del Sur, donde, a principios de diciembre [de 2011] los países más poderosos y contaminantes en carbono lograron evitar tener que tomar oportunas y substanciales medidas de cualquier tipo para impedir que el clima se caliente aun más y la Tierra se deslice por un imparable cambio caótico. En nuestra naturaleza está sentirnos más apremiados por el sufrimiento humano inmediato que por remotos problemas sistémicos. Sólo que este problema no es ni la mitad de remoto de lo que imaginan muchos norteamericanos. Está provocando ya un sufrimiento humano a gran escala y aún causará más. Muchas de las crisis alimentarias de la última década guardan relación con el cambio climático, y en África están muriendo miles de personas por el caos producto del cambio climático. Las inundaciones, incendios, tormentas y olas de calor de los últimos años son anuncios del cambio climático que llega a los EE. UU. antes de lo esperado. En el sentido más inmediato, “Ocupemos” puede haber debilitado al movimiento sobre el clima al centrarnos muchos de nosotros en el sufrimiento urgente de nuestros hermanos, nuestros vecinos, nuestra democracia. Al final, no obstante, podría acabar fortaleciendo ese movimiento con sus nuevas tácticas, alianzas, espíritu y lenguaje de la verdad. A fin de cuentas, ¿por qué hemos sido incapaces de acometer los cambios de envergadura que hacen falta para limitar los gases de invernadero en la atmósfera? La respuesta estriba en una palabra que de pronto ha gozado de amplia difusión: avaricia. Responder adecuadamente a esta crisis beneficiaría a todo lo que vive. Cuando se trata del cambio climático, a fin de cuentas, somos el 99,999%. Pero el 0,001% internacional que se lucra sin medida de la economía del carbono — los magnates del petróleo y el carbono, los industriales, y los políticos de cuyos hilos tiran — están en contra de este cambio. Han conseguido durante decenios adoctrinar a muchos norteamericanos, dentro y fuera del gobierno, con la propaganda del cambio climático, difundiendo mentiras acerca de la ciencia y la economía del cambio climático, y socavando cualquier posible legislación y negociaciones internacionales para mejorarlo. Y si pensamos que el desahucio de propietarios ancianos de viviendas es brutal, pensemos en ello como una prefiguración del desplazamiento y desaparición de pueblos, comunidades, naciones, especies, hábitats. El cambio climático amenaza con desahuciarnos a todos. Los grupos que hoy trabajan sobre el clima, especialmente 350.org y Tar Sands Action (Acción contra las Arenas Bituminosas), ya han hecho cosas asombrosas. Muy recientemente, con la ayuda de indígenas canadienses, activistas locales y medios de comunicación alternativos, han estado muy cerca de acabar con la amenaza mayor y más aterradora contra el clima en Norteamérica: el oleoducto para el petróleo de arenas alquitranadas que iría de Canadá a Tejas. Ha supuesto una notable demostración de poder organizativo y voluntad popular. Puede que necesitemos que venga un “Ocupemos el Clima”. Puede que “Ocupemos Wall Street” y sus miles de filiales hayan sentado los cimientos para eso. Pero quizás el mayor regalo que nos han hecho éste y otros movimientos de 2011 es haber afinado nuestra percepción…y nuestros conflictos. De modo que hay muchas más cosas al descubierto, entre ellas la avaricia, la brutalidad con la que estamentos que van desde el Ejército egipcio a la policía de Oakland imponen la voluntad de de los gobernantes, y la mayor parte de la profunda generosidad de espíritu que está detrás, dentro y en torno a estas insurgencias y sus activistas. Ninguno de estos movimientos es perfecto, y los individuos que los componen no siempre son los mejores guardianes de sus hermanos y hermanas. Pero hay algo que no podía estar más claro: la compasión es nuestra nueva moneda. Nada ha sido para mí más conmovedor que este deseo, realizado repetida pero imperfectamente, por conectar por encima de las diferencias, por ser una comunidad, hacer un mundo mejor, abrazar al otro. Este deseo es lo que está detrás de esos campamentos desordenados, de esas manifestaciones estridentes, esas pancartas de cartón y esas conversaciones prolongadas. Los activistas jóvenes me han hablado de la extraordinaria riqueza de sus experiencias en “Ocupemos” y lo llaman amor. Con ese espíritu de llamar a las cosas por su nombre verdadero, permitidme que evoque la descripción a la que Ella Baker y Martin Luther King recurrieron para las grandes comunidades de activistas de que se levantaron a favor de los derechos civiles: una comunidad bienamada. Muchos de quienes entonces estuvieron activos nunca olvidaron los profundos lazos y la honda significación que encontraron en esa lucha. Nosotros — y la palabra “nosotros” abarca a más de los nuestros que nunca — hemos hallado también estas cosas, y este año hemos llegado a algo sin precedentes, una comunidad bienamada que circunda el globo. Rebecca Solnit es autora de 13 libros, incluyendo de A Paradise Built in Hell: The Extraordinary Communities that Arise Disaster y coautora, con su hermano David, de The Battle of the Story of the Battle of Seattle, una breve antología sobre cómo ese evento que cambió la historia ha sido tergiversado, con reproducciones de algunos de los documentos originales. FUENTE:sinpermiso

Mumia Abu Jamal: de sentenciado a muerte a la segregación

Mumia Abu Jamal, cuya pena capital fue conmutada a cadena perpetua luego de 30 años en el corredor de la muerte, sufre hoy los vejámenes del sistema carcelario de Estados Unidos, que lo retiene en una celda de aislamiento. El reo, quien se convirtió en uno de los condenados más reconocido dentro y fuera de su país, venció una batalla por la vida el pasado 9 de diciembre, cuando un fiscal de Filadelfia anunció que dejaría de solicitar la máxima pena para el periodista negro. Justo a los 30 años de su encarcelamiento, el exmiembro de Panteras Negras supo la decisión de la corte de cambiar su condena. Ese día, centenares de personas se congregaron en Pensilvania para apoyarlo y escucharon allí sus primeras declaraciones luego de conocer el fallo legal. "Por primera vez en casi 30 años no estoy físicamente entre los condenados a muerte, estoy en otro sector llamado Bloque AC, con celdas idénticas a las del corredor de la muerte pero donde nadie está condenado a morir, entre ellos, yo mismo. Es algo a lo que hay que acostumbrarse, todavía me estoy aclimatando", afirmó. Sin embargo, varios días después, nuevos obstáculos se le vinieron encima a Abu Jamal, transferido a la prisión estatal Mahanoy, en Frackville, Pensilvania, el 14 de diciembre último. En ese correccional, en vez de ubicarlo junto al resto de los presidiarios, fue puesto en una celda de aislamiento, condenado al hueco, a la soledad, lo cual fue denunciado por sus seguidores. Para algunos activistas pro derechos civiles, pese a que ya no morirá de manos de la ley norteña, la vida de Mumia, como se le conoce internacionalmente, peligra por estar expuesto al odio de quienes lo consideran una amenaza. Según informaciones de los que intentaron visitarlo luego de su traslado, citados por medios locales de prensa, el periodista fue confinado en un local donde la luz eléctrica permanece encendida todo el día y solo baja un poco su intensidad en las noches. Como compañía solo le dieron un bolígrafo de goma, ocho hojas de papel e igual número de sobres, de los cuales, a la altura de los primeros días de encierro, ya había utilizado cuatro para escribir a sus familiares. Las posibilidades de salir al aire libre, están limitadas a una sola hora al día, y las visitas a una por semana, de acuerdo con declaraciones de sus simpatizantes. Frente a las nuevas condiciones, activistas por los derechos civiles instaron a la población de Estados Unidos a enviar tarjetas y realizar llamadas telefónicas para garantizar la protección de su vida. Asimismo, le hicieron saber a los directivos del correccional que cientos de personas se interesan a diario por el bienestar del preso, quien fue acusado de matar al policía blanco Daniel Faulkner en diciembre de 1981 y sentenciado, en 1982, a morir en la silla eléctrica. No obstante, desde su nueva situación, Mumia se mantiene al tanto de las manifestaciones que se realizan en su país contra las injusticias y el sistema económico imperante. A su llegada a Mahanoy, el luchador social envió un mensaje a los indignados agrupados en el Movimiento Ocupemos Wall Street, a quienes instó a profundizar y fortalecer sus demandas a favor del 99 por ciento de la población, golpeada por la crisis económica y la inequidad. La causa de este hombre se convirtió en símbolo de los esfuerzos internacionales por la abolición de la pena capital en Estados Unidos y el extenso proceso en su contra derivó en un indicativo de las fallas e injusticias que se cometen en el país norteño. En enero del año pasado, miles de personas de diferentes regiones del mundo se sumaron a una larga lista de firmas para pedir al presidente Barack Obama que se pronunciara en contra de la pena de muerte. La fallecida exprimera dama de Francia, Danielle Mitterrand; el escritor alemán Günter Grass, y el lingüista y escritor estadounidense Noam Chomsky, se unieron a la solicitud, una de las tantas acciones realizadas a favor del reo y ahora de otros que también esperan el mismo final. El pasado mes de octubre, la Corte Suprema rechazó una solicitud de fiscales de Filadelfia para volver a imponer el castigo máximo a Abu Jamal, luego de que en la primavera pasada un tribunal federal de apelaciones federal determinó la revisión de su condena. Finalmente, luego de 30 años de lucha internacional, la sentencia fue conmutada al reo, cuya labor como periodista radial era bien conocida en los años de la década de 1970. Pese a la dura situación que enfrentaba, Mumia no dejó de mantenerse activo en la cárcel, desde donde realizaba el programa de radio Live from Death Row (En vivo desde el corredor de la muerte), título que dio también a un libro editado en 1995, en el cual refleja la vida en el pabellón de los condenados a morir. La vida del luchador, quien siempre rechazó los cargos que se le imputaron, constituye una muestra de las injusticias cometidas en el sistema judicial de Estados Unidos, donde abundan las denuncias por irregularidades, sobre todo contra negros y latinos. Su nombre podría ser uno de los tantos que engrosan la lista de los informes anuales de Crímenes de Odio, elaborados por el Buró Federal de Investigaciones (FBI), el cual solo en 2010 registró seis mil 628 delitos por esa causa, de los cuales un 47,3 por ciento ocurrieron como resultado del color de la piel. Otras investigaciones confirman que actualmente, más del 40 por ciento de los casi dos millones y medio de estadounidenses presos son negros. Ante esa realidad, muchos coinciden en que la batalla de Mumia no ha terminado, más bien se encuentra en una nueva etapa, llena de desafíos, entre los cuales está continuar la lucha por quienes permanecen injustamente en el corredor de la muerte. escrito por Sinay Céspedes Moreno Fuente: Resumen Latinoamericano/Prensa Latina

miércoles 1 de febrero de 2012

martes 24 de enero de 2012


jueves 19 de enero de 2012

Economía verde, nuevo disfraz del neoliberalismo

En medio de la más grave crisis de la economía capitalista a escala mundial, el deterioro ambiental ha sido relegado a un plano secundario. Es cierto que algo se habla sobre la pérdida de biodiversidad o el cambio climático. Pero en los hechos el medio ambiente no es prioridad. Los términos del debate sobre la crisis los ha impuesto la derecha y en su pantalla de radar el problema ambiental siempre ha ocupado un lugar subsidiario. Por eso no sorprende que ahora que los centros de poder castigan con austeridad fiscal y promueven la destrucción de cualquier vestigio del estado de bienestar, el medio ambiente brille por su ausencia. Y cuando se le pretende tratar como tema prioritario, la realidad es que sólo es para mantener el proyecto neoliberal a escala global. El Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA) promueve desde hace ya tres años una serie de proyectos que se encuadran dentro de lo que ha bautizado como la Iniciativa de Economía Verde (IEV). Este proyecto define a una economía verde como el «resultado de mejoras en el bienestar humano y equidad social, al mismo tiempo que se reducen los riesgos ambientales y la escasez ecológica». El PNUMA sostiene que el manejo eficiente de los recursos ambientales ofrece oportunidades económicas importantes. Finalmente, afirma que una economía verde debe ser baja en el uso de combustibles fósiles y socialmente incluyente. Esa retórica puede dar una buena impresión. Pero la realidad es que la iniciativa del PNUMA adolece de grandes defectos que, al final de cuentas, anulan lo que podría aparecer como buenos deseos. Lo que queda es un disfraz mal armado para darle una cara amable al neoliberalismo desde el punto de vista ambiental. El primer gran problema de la IEV es la incapacidad para examinar las causas de la destrucción ambiental. Ninguna de las fuerzas económicas que provocan el deterioro ambiental es objeto de un análisis cuidadoso. Ni la concentración del poder económico en centros corporativos, ni los procesos de acaparamiento de tierras en grandes regiones de África y América Latina, ni el efecto de la especulación financiera sobre productos básicos, ni el peso enorme de la deuda de los países más pobres del mundo son temas importantes para el PNUMA. En contraste, abunda la retórica sobre instrumentos de política basados en el mecanismo de mercado y la necesidad de alentar la inversión privada. El PNUMA también ignora las causas de la feroz desigualdad, que es rasgo dominante en la economía mundial. Tal pareciera que esa desigualdad cayó del cielo, como si se tratara de un fenómeno meteorológico. Así, la IEV habla de la necesidad de aliviar e incluso de eliminar la pobreza. Pero siempre que lo hace es en referencia al potencial que ofrece el buen manejo de los recursos. Nunca se menciona la necesidad de corregir el marcado sesgo en contra de los salarios reales. De sobra se sabe que en casi todo el mundo los salarios reales experimentaron una declinación importante a partir de los años setenta. Entre las causas más visibles de ese resultado está la represión salarial impuesta para controlar la demanda agregada y, de ese modo, llevar adelante la lucha contra la inflación (el principal enemigo del capital financiero). A pesar de la importancia de esta variable de la distribución, la palabra «salarios» no tiene cabida en el diccionario de la IEV. La desigualdad también está fuertemente anclada en una política fiscal regresiva. Sin embargo, cuando se trata de recomendaciones en materia de política fiscal, el documento del PNUMA sugiere que el mejor marco fiscal para el crecimiento debe descansar en los impuestos indirectos y en bajas tasas impositivas para el sector corporativo. Esto debe ir acompañado de «mayor eficiencia en el gasto público», lo que en la jerga neoliberal se traduce en mayores ajustes y generación de un superávit primario para pagar cargas financieras. Claro, las referencias del PNUMA son la OCDE, el Banco Mundial y la consultora PriceWaterhouseCoopers. Eso sí, se alerta sobre los «riesgos de imponer gravámenes al capital financiero». Aunque la iniciativa del PNUMA se basa en la idea de que la crisis ofrece la oportunidad para reencaminar la economía mundial por el sendero del desarrollo sustentable, ningún documento del organismo contiene un análisis serio sobre los orígenes y naturaleza de la crisis. Los lectores pueden corroborar lo anterior en la página de la IEV (www.unep.org/greeneconomy). Por extraordinario que parezca, un análisis serio sobre la crisis y sus ramificaciones no es relevante para hablar de la transición hacia una «economía verde». La iniciativa del PNUMA intenta extender la vida del modelo neoliberal. Es también un buen ejemplo de la sentencia de Keynes: no sólo hemos fracasado en el intento de comprender el orden económico en el que vivimos, sino que lo hemos mal interpretado al grado de adoptar medidas que operan duramente en nuestro detrimento. Por: Alejandro Nadal Artículo publicado en Amauta con permiso del autor Fuente: La Jornada

Informe sobre la terrible realidad de un Centro de Internamiento de Extranjeros


 “El sistema, además de inhumano, es ineficaz”
Por segundo año consecutivo, la ONG jesuita Pueblos Unidos  ha presentado suInforme Anual sobre el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) [pdf] con el que busca poner de manifiesto y mejorar la terrible realidad que se vive en los CIE de España y, más concretamente, en el de Aluche (Madrid).
Durante el año 2011 Pueblos Unidos ha mantenido un equipo de personas voluntarias dedicadas a apoyar, diariamente y de manera estable, a las personas internadas en el CIE de Madrid lo que ha permitido visitar a lo largo de todo el año a 248 internos, realizando un total de 1.049 visitas. Este número supone algo más del 7% del total de las personas internadas, que en lo que llevamos de año 2011 asciende a un total de 3.432.
Fruto de este trabajo constante, silencioso y abnegado, es el presente informe, que se divide en dos secciones:
1-¿Qué ocurre tras las rejas? que analiza con detalle las condiciones de vida en el CIE de Aluche y las principales quejas manifestadas por los propios internos.
2-¿Quién está tras las rejas? que presenta “Doce miradas sobre doce vidas rotas”, testimonios recogidos por diversos profesionales: los escritores jesuitas Pedro Miguel Lamet y Norberto Alcover; los periodistas de radio Minerva Oso (RNE), Nicolás Castellano (SER) y Noelia Vizcarra (RAI); los periodistas de prensa escrita Daniel Ayllón (Público), Pedro Simón y Olga R. Sanmartín (El Mundo); y los escritores de medios especializados Lydia Molina (Peridismo Humano), Fran Otero (Vida Nueva), África González (Mundo Negro) y José Luis Palacios (Noticias Obreras).
El informe constata la arbitrariedad, discrecionalidad y falta de información en torno a la gestión del CIE, detectada tanto por los voluntarios como por los propios internos. Algunos de los principales puntos que se desarrollan en el documento presentado esta mañana son:
-De las 248 personas visitadas, se han detectado 173 situaciones de particular vulnerabilidad, como por ejemplo: personas enfermas o con menores a su cargo, mujeres embarazadas, internos que no entienden el idioma y no comprenden su situación jurídica ni qué hacen allí.
-En torno al 60% de los casos, el tiempo de internamiento supera los 40 días; siendo el 53% de las personas internadas finalmente expulsadas. Por tanto, en palabras del jesuita director de Pueblos Unidos, Daniel Izuzquiza: “Para el 60% de los que están entre 40-60 días finalmente no se ejecuta su expulsión. Eso significa que el sistema, además de inhumano, es ineficaz, porque no cumple el objetivo para el que estaba pensado; si la policía y el gobierno saben que no va a poder expulsar a una persona, no deberían internar a esa persona. Esto solo genera más sufrimiento y más miedo”.
-A lo largo del año, Pueblos Unidos ha presentado 24 quejas ante distintos órganos de control de los CIE, lo que supone, como media, una situación susceptible de sospecha, cada 15 días. Las agresiones denunciadas se centran sobre todo en los traslados y las estancias en Barajas de los internos cuando se les intenta expulsar del país.
-Dos años después de la publicación de la Ley de Extranjería (LOEX) aún NO SE HA PUBLICADO EL REGLAMENTO sobre los CIE que se constata con la arbitrariedad, discrecionalidad y falta de información en torno a su gestión detectada tanto por los voluntarios como por los propios internos.
-Desde la experiencia de Pueblos Unidos el CIE de Madrid recoge personas de distintos puntos  de la península y eso dificulta mucho a esos internos las visitas y la comunicación con su entorno.
-A los internos no se les explica bien por qué están ahí. La arbitrariedad en la gestión del internamiento genera muchas situaciones de sufrimiento innecesario.
-Hay problemas de higiene y alimentación. El acceso a los baños está restringido por las noches: tienen que orinar en los lavabos de los módulos donde duermen seis u ocho personas en literas o hacerlo en una botella. Antes  tenían que llamar a gritos si querían algo por las noches, ahora, por lo menos, hay un interfono pero la policía no acude. En palabras de Cristina Manzanedo, abogado de Pueblos Unidos:  “Si el CIE no es una cárcel, ¿por qué se gestiona como si lo fuera? En la cárcel eres una persona; en el CIE eres un número”.
-La gestión de los CIE depende del Ministerio del Interior y se centra en aspectos de control y seguridad y no en las condiciones de vida de los internos.
-Hay falta de formación en el cuerpo nacional de policía del centro; quejas por trato vejatorio y racista a los internos y a sus familiares. En el CIE hay miedo a la policía y a otros internos, porque están mezclados los detenidos solo por situación irregular con gente con condenas penales.
-En el CIE no se dan los castigos personales sino que los castigos son generalizados; cuando hay problemas se llama a los antidisturbios; se registran las habitaciones; hay restricciones a la comunicación con la calle.  Se les retira le móvil nada más entrar y si no sabes de memoria los números de teléfono estás perdido. Se producen numerosos conflictos para acceder a las cabinas telefónicas…
-Las visitas se hacen a través de un locutorio con mampara y teléfono lo que da una sensación carcelaria.
La rueda de prensa concluyó con el testimonio de Marius Tonnang, un camerunés que estuvo 53 días internado en el CIE de Aluche. Como él mismo explicó: “Llevaba 6 años en este país cuando me internaron, yo no mato, no robo”. Y explicó algunos de los padecimientos dentro del centro: “El abogado de oficio no te deja su teléfono, el médico solo sabe de paracetamol e ibuprofeno, la gente sufre, llora…estamos mezclados con gente que está mal de la cabeza, nos tratan como animales; los policías te insultan”.
Con el trabajo recogido en el presente informe, Pueblos Unidos quiere contribuir a que mejoren las condiciones de privación de libertad y la tutela efectiva de los derechos de las personas internadas. Y piden que su experiencia y la de otras entidades sociales se tome en cuenta de cara a la nueva legislatura, de modo que pueda haber una interlocución más fluida con el Ministerio de Interior, especialmente de cara a la elaboración de un Reglamento de CIE que garantice los derechos de los internos.

lunes 9 de enero de 2012

La ciudad de los artistas del hambre




Aparte de los espectadores que sin cesar se renovaban, había allí vigilantes permanentes, designados por el público (los cuales, y no deja de ser curioso, solían ser carniceros); siempre debían estar tres al mismo tiempo, y tenían la misión de observar día y noche al ayunador para evitar que, por cualquier recóndito método, pudiera tomar alimento. Pero esto era sólo una formalidad introducida para tranquilidad de las masas, pues los iniciados sabían muy bien que el ayunador, durante el tiempo del ayuno, en ninguna circunstancia, ni aun a la fuerza, tomaría la más mínima porción de alimento; el honor de su profesión se lo prohibía.

Un artista del hambre. Franz Kafka.


De seguro que para muchos se ha convertido en un cliché hablar de Bello como la “Ciudad de los artistas”, un mote bastante pretencioso, puesto que, si lo miramos desde el punto de vista demográfico, son más los bandidos, politiqueros y prostitutas los que abundan en este villorrio, que los artistas. Bello es un cantón de malandrines y de corruptos; la alianza entre unos y otros, en un contubernio desaforado, ha permitido que se reconozca al municipio fuera del ideario colectivo local, como una ciudad de paramilitares, caciques políticos y prepagos. Dadas estas consideraciones, pudiéramos en ese caso aseverar que le vendría mejor el estandarte de “Bello, ciudad de paramilitares”, o “Bello, ciudad de bandidos de cuello blanco”, o quizá “Bello, ciudad de prostitutas”.

Pero si se diera el caso que aceptáramos el lamentable eslogan, le agregaríamos algo más: “Bello, la ciudad de los artistas del hambre”. Quien ha leído el cuento de Kafka, reconoce en el ayunador una ética y una estética, a pesar de su desfavorable situación. Caso contrario, los autodenominados artistas bellanitas se han dado a la tarea de mostrar el hambre de una manera descarada. Ya sé que la vergüenza no es una virtud, pero la sinvergüenza no es de por sí una bella carta de presentación para alguien que se considera a sí mismo “sensible, esteta y humano”.

Fue a finales de los años ochenta y principios de los noventa cuando un buen número de jóvenes entusiastas comenzaron a proclamar por las calles una forma de vida como alternativa distinta a la ya aplastante realidad de una juventud entregada por completo a las labores del sicariato, bajo órdenes del cartel de Medellín. Rearte fue un grupo que se consolidó en una firme propuesta de ciudad, abocada hacia el arte y las prácticas culturales ajenas al entronizado mundo de los narcos. El movimiento de fogateros realizó todo tipo de actividades artísticas que aunaba los mayores esfuerzos de una pequeña, aunque decisoria porción de la juventud, que empezaba a transitar por un camino desconocido, casi en penumbras: músicos, teatreros, pintores, poetas, bailarines, escultores, entre otros, se dedicaron a hacer de su cotidianidad, como diría don Juan, una realidad aparte. El mito de “Ciudad de los artistas” empezaba a florecer, con la belleza propia con la que florecen los mitos.

El “Encuentro de Arte Joven”, sepultado hace poco de manera infame por las institucionalizadas “Fiestas del Quitasol”, llegó a ser un evento que reunió a su interior cada vez mayor número de habitantes del municipio quienes veían en las manifestaciones artísticas una especie de bálsamo a la realidad cruenta que se vivía a diario en el pueblo y en el país. Surgió así un movimiento cultural que comenzó a hacer luchas sociales cada vez más complejas, y cuyos logros comenzaron a hacerse visibles gracias a la movilización ciudadana, que utilizaba el arte como herramienta, no como arma, para librar las contiendas sociales en una localidad azotada por el miedo y la indiferencia.

La lucha del movimiento por la obtención de espacios para el desarrollo de las artes, llegó a un momento importante con la construcción de la Casa Comunitaria de la Cultura “Cerro del Ángel”, cuyo espacio físico abrió sus puertas a mediados de los noventa y albergó a las nuevas generaciones de jóvenes interesados en las manifestaciones artísticas. A este punto, una parte de la población había obtenido un beneficio general, sustentado en las luchas sociales de varios años y que, de manera lamentable, también dejó su aporte en sangre por parte de algunos activistas.

Ahí empieza a cambiar la historia, pero, a diferencia de lo que esperaban quienes dieron su vida por esta causa, en sí misma noble y humana, muchos de los líderes de antaño, sintiéndose caudillos de la cultura y del arte en el municipio, comenzaron a hacer alianzas políticas, a aceptar concesiones, cargos públicos, lo que desencadenaría toda una serie de divisiones al interior del movimiento cultural que empezó a resquebrajarse, así como al despertar en tinieblas las últimas luces de un bello sueño se desvanecen. Sumado a ello, varios de los recién llegados, ya godos, que no habían tenido que pelear de manera honrosa la lucha por el arte, siguieron el mal ejemplo de los que traicionaron el movimiento y afianzaron lazos con los politiqueros y las mafias locales.

Ahora resulta que Bello es “La ciudad de los artistas”, como ellos mismos lo pregonan. La primera pregunta es: ¿Han hecho en realidad alguna obra de arte quienes así mismos se llaman artistas?, la segunda es la siguiente: ¿Mostrar el hambre persiguiendo a los politiqueros de turno, en búsqueda de un contrato, es algo que se puede considerar artístico? Lamezuelas de todas las pelambres, como diría León de Greiff: “Macuqueros, soplapitos, casta inferior desglandulada de potencia, elocuenciada de impotencia”, se ven pasar de una oficina a otra sobando sacos, tomando tinto con los bandidos (también de todas las pelambres) en la avenida Suárez, actualmente denominada  muy a la francesa el “boulevard de la cultura”, tocando pitos en las fiestas privadas y públicas de los políticos, o elogiando con sus maledicientes plumas a esa “casta inferior desglandulada”.

Aceptémoslo. Bello es “La ciudad de los artistas”, pero de los artistas del hambre. No como el artista del hambre de Kafka, ético, estético, humano; sino heliogábalos ahítos de comer el pedazo insignificante que de la torta fiscal les corresponde, gracias a su lambonería y mezquindad. Hartistas, lagartistas, intelectuales de pacotilla; criminales de pincel y de bufanda, impenitentes manchatelas; ladrones con alpargatas de baile; teatreros impotables de quinta categoría y sueldo de prostituta del poder; musiquillos de pandereta animando fiestas de mafiosos y de pillos trasnochados; poeticas de baba y estiércol, con sus malas estrofas rimadas al culo de cada línea.


Jandey Marcel Solviyerte

05 de Enero y 2012. 

miércoles 30 de noviembre de 2011

POEMA PARA DOS ACTOS



Poema para dos actos
 
Suprime ese lenguaje dulzón;
yo soy la piedra que golpea contra otra,
el río en creciente.
Enrolla tus palabras de terciopelo:
soy la muerte desprovista,
la sin refugio, la callada muerte.
Háblame despacio, palabra por palabra:
soy el dolor,
                  horadando entre tu carne,
desollando la piel terrosa de tu alma,
no me hallarás explicación.
 
Las horas pasan despiadadas
como un aletear de langostas,
sobre el trigal en siega,
ni el olvido las derrota.
Basta ya del sedoso escalpelo de las palabras,
antepongamos la lógica,
la dura pero la resuelta lógica.
Es otro tiempo, el mundo ha caminado tanto,
el  hombre poco,
cayó en la trampa de su instinto ciego
y necesita de la lógica.
 
Teresa Sevillano
(Nació en Sopetrán, Antioquia,, Colombia.  1944)
Poemas de sus libros Los sentidos hablantes e Itinerario del asombro
–Compilación poética Lúdica de sueños. Biblioteca Jurídica Diké, Medellín- 2008